17 de febrero 2005 - 00:00

Rottemberg: "Mar del Plata duplicó el público de 2000"

Rottemberg: «Siempre me preocupó el tema de la seguridad en las salas. Yo mismo he exigido, en algunos cines a los que fui con mi hijo, que habilitaran las salidas de emergencia antes de ingresar».
Rottemberg: «Siempre me preocupó el tema de la seguridad en las salas. Yo mismo he exigido, en algunos cines a los que fui con mi hijo, que habilitaran las salidas de emergencia antes de ingresar».
El productor y empresario teatral Carlos Rottemberg se muestra bastante optimista al evaluar la actual temporada de verano: «En diciembre pensé que íbamos a superar el récord histórico de 1987, pero el 15 de enero me di cuenta de que era una ilusión óptica. De todas formas la temporada fue muy buena y ya superó en un cien por cien a la de hace cinco años».

Este fue un año muy especial para Rottemberg, que se dio el gusto de inaugurar en Mar del Plata una nueva sala de 1200 localidades con el mismo nombre de la ciudad, y ubicada en una antigua playa de estacionamiento de la Avenida Luro.

En treinta años de actividad, el productor de los almuerzos de Mirtha Legrand, aprendió a desconfiar del marketing y de las supuestas fórmulas para lograr un éxito teatral («Tengo 400 y pico de estrenos y cada uno me derrumba la teoría del anterior»). Prefiere apostar al instinto y al sentido común para adaptarse a todo tipo de circunstancia y adversidad: «En todos estos años de crisis no perdí ninguna de mis salas y hasta inauguré dos más (el Teatro Mar del Plata y el Multiteatro), y eso porque siempre pienso menos de lo que hago, yo prefiero hacer.

En la crisis tercericé salas, fragmenté teatros, convertí al Lorange en un teatro profesional a la gorra y le alquilé el Tabarís a los evangelistas, que como digo siempre, también hacen teatro a la gorra.»


Periodista
: ¿A usted lo afectaron en algo las nuevas medidas de seguridad que está tomando el Gobierno de la Ciudad en relación a las salas teatrales?

Carlos Rottemberg: Nosotros siempre tuvimos inspecciones, pero claro, después de Cromañón se intensificaron mucho más.Yo soy un obsesivo de este tema y hay cosas que se aprenden por el oficio mismo. No creo que haya ningún funcionario que pueda contrarrestar el efecto de cerrar las puertas de una sala cuando el público está dentro. Hace 30 años que me preocupo por este tema. Más de una vez he ido como espectador a algún cine con mi hijo y he llegado a llamar al dueño de la sala -no voy a dar nombres- para decirle: «Estoy por entrar a tu cine, hay una cola de público esperando y las puertas de la sala están trabadas».


P.:
¿Se podrá llevar a cabo un control más eficaz?

C.R.: Hace tiempo que sugiero que si se obligara a todas las salas de espectáculos públicos a tener un seguro, sería la manera más sencilla de tener un control y nos costaría menos a los contribuyentes. Cuando las compañías de seguro tienen que asegurar una sala en millones de dólares o de pesos, obviamente sus inspecciones son las mejores, porque no les interesa asegurar lo que no está bien. Una compañía de seguros es mucho mejor inspector que el empresario y que el Gobierno de la Ciudad.


P.:
Pero son seguros muy caros. Las pequeñas salas de teatro independiente no los podrían pagar.

C.R.: Pero es como un seguro de responsabilidad contra terceros, en este caso los espectadores. Cuando uno va manejando y lo para la policía, sabe que le pueden exigir el seguro de responsabilidad civil por si llega a atropellar a alguien. Esto es igual. Pero yo prefiero hablar desde la sociedad de empresarios teatrales que integro, no conozco la reglamentación de los teatros independientes. Es otra entidad.


P.:
¿Recuerda que haya habido algún accidente importante en una sala teatral?

C.R.: En toda la historia del teatro argentino, desde el Teatro de la Ranchería de fines del 1700 hasta la actualidad, todas las salas que se incendiaron estaban vacías, sin público. Y cuando se produjo algún cortocircuito estando el público, se resolvió rápidamente gracias a la idoneidad del personal. Los demás incidentes fueron atentados. Porque a alguien no le gustó tal parte de «Jesucristo Superstar» incendiaron el teatro Argentino, porque a otro no le gustó lo que se decía de la crisis incendiaron El Nacional. Es difícil que estos teatros, que son tan públicos, estén en falta, justamente por que son demasiado públicos.


P.:
¿Por qué pensó que la temporada marplatense de este año iba a superar a la de 1987?

C.R.: En noviembre tuve la ilusión de que íbamos a igualar ese récord histórico de Mar del Plata, cuando fueron al teatro 760 mil personas. En primer lugar fue el récord histórico de Alberto Olmedo haciendo «El negro no puede». Solamente esa compañía, que por suerte produje, metió 118 mil quinientas personas. Pero también en esa temporada hubo 4 ó 5 espectáculos que se acercaron a los cien mil espectadores. Me acuerdo de «Gotán» con Susana Rinaldi, «Un día muy particular» con José Sacristán y Charo López; Juan Carlos Calabró hacía Johnny Tolengo y Luis Brandoni repetía por segundo año «Made in Lanús». Después todo fue para atrás, y hace cinco años hubo apenas 300 mil espectadores, o sea que el uno a uno le hizo pésimo a la temporada teatral de Mar del Plata.


P
.: Pero usted nunca dejó de llevar espectáculos a Mar del Plata.

C.R.: Todos los años llevé teatro a Mar del Plata. Hemos pasado plan Bonex, apagones, gobiernos militares y democráticos, peronistas, radicales... Son 30 años haciendo lo mismo. Como siempre trato de ser positivo, rescato el hecho de que este año vamos a superar los 600 mil espectadores. Es una cifra excelente. Además el país todavía no está en los parámetros económicos de 1987 como para haber pretendido igualarlo en cifras teatrales. Me parece que estuve un poquito ansioso.


Entrevista de Patricia Espinosa

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