La concertación orquestal de Antonio María Russo es lo mejor de una «Madama Butterfly
» con régie de Horacio Pigozzi, que intenta eludir convenciones, pero cae en otras como
la burda confrontación Oriente-Occidente.
«Madama Butterfly». Opera en dos actos. Mús.: G. Puccini. Lib.: Illica y Giacosa. Dir. mus.: A. M. Russo. Régie: H. Pigozzi. Esc.: J. J. Cambre. Vest.: M. Zuccheri. Ilum.: G. Córdova. (Teatro Avenida, hasta el 10/11.)
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La Asociación Juventus Lyrica cerró su presente temporada en el Avenida con la ópera de Puccini «Madama Butterfly». La nueva producción tiene algunos aspectos positivos y otros no tanto. Uno de los más elogiables es la concertación orquestal de Antonio María Russo, quien a pesar de dirigir a un grupo de menores dimensiones de las que exige la orquestación pucciniana, obtiene buenos resultados, sobre todo en los momentos puramente instrumentales o en la conjunción orquesta y coro (tales como la entrada de Butterfly o el final del primer acto en esta versión en dos). Espíritu pucciniano y musicalidad, respeto por lo que sucede en el escenario y un especial tratamiento de los planos y las sutilezas instrumentales y de los climas sonoros caracterizan el trabajo del maestro Russo.
Las buenas intenciones de Horacio Pigozzi de renovar los conceptos tradicionales de las puestas de «Butterfly» no siempre llegan a buen puerto. Si bien la historia de la geisha se cuenta bien, la insistencia de la planificación escénica frontal, con cantantes, figurantes y protagonistas mirando al público (como si fuera un concierto) no es feliz. En otro orden de cosas, por el afán de no caer en el convencionalismo de la puesta tradicional se cae en otro que es el de las confrontaciones burdas entre Oriente y Occidente.
En medio de una escenografía abtracta y minimalista de Juan José Cambre y con un vestuario de Mini Zuccheri poco atractivo, que acentúa la convención, las luces de Gonzalo Córdova son las que mejor ayudan a consolidar los aspectos plásticos.
En el plano interpretativo Mónica Ferracani canta «Butterfly» con tanto ímpetu en el registro agudo que su volumen parece más apto para Wagner que para Puccini. Además, nuevamente se evidencia en su emisión un vibrato poco grato. Por lo demás, vuelca intencionalidad dramática a su rol, tanto como Norberto Fernández al suyo, además de un bello timbre tenoril. Bien la sobriedad y el buen canto de Fernando Grassi como Sharpless.
Guadalupe Barrientos (también algo excedida en volumen), Mario de Salvo y Hernán Sánchez Arteaga cumplen con sus personajes secundarios. Muy bien el Coro Juventus Lyrica dirigido por Miguel Pesce.
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