Obra del
uruguayo
Carmelo Arden
Quin, líder del
grupo en París,
que como las de
muchos de sus
integrantes
atesora el Museo
de Arte
Contemporáneo
Latinoamericano
de La Plata.
Al celebrarse sesenta años del Movimiento MADI es importante destacar la colección de MADI Internacional, patrimonio del Museo de Arte Contemporáneo Latinoamericano de La Plata. La idea del MACLA fue gestada por su actual director, el reconocido artista César López Osornio en 1978, durante su residencia en Caracas. Luego, radicado en Barcelona, en los años '80 proyectó una exhibición en esa ciudad. «Inicié contactos con artistas radicados en Europa recibiendo el apoyo y la participación casi unánime de todos al proyecto que llamé Confluencias, artistas latinoamericanos residentes en el Viejo Continente por exilios voluntarios o forzosos.»
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La presentación se concretó en 1992 y muchos de los participantes donaron sus obras para ese futuro museo, que finalmente se fundó en 1999. En 2003 se integraron al patrimonio aproximadamente 100 obras de la Colección MADI, derivación del movimiento fundado en la Argentina en 1946. Son obras de 51 artistas de Argentina, Alemania, Bélgica, Brasil, Estados Unidos, Francia, Hungría, Italia, Japón, Suiza, Uruguay y Venezuela. La Asociación MADI Internacional, con sede en París, se inició en 1948 y mantuvo el carácter lúdico y no referencial, así como las ideas sobre el marco recortado.
El MADI histórico fue parte fundamental de la abstracción junto con la Asociación Arte Concreto-Invención y el Perceptismo, creación de Raúl Lozza. La década del '40, en la que se inicia la consolidación del arte argentino, generó un acercamiento nunca sucedido de pintores, escultores, arquitectos, músicos y poetas alrededor de objetivos comunes de ruptura. En el caso de las artes visuales es tan nítido el corte con el pasado, que se estableció un giro copernicano en la historia de nuestras manifestaciones estéticas.
Los hitos de ese entonces fueron el Manifiestode los Jóvenes contra la figuración, enunciado en 1941 por Claudio Girola, Alfredo Hlito y Tomás Maldonado (todos ellos menores de 20 años); la edición en Buenos Aires, en 1943, de Universalismo constructivo, del gran maestro uruguayo Joaquín Torres García, y la publicación, en 1944, de «Arturo», órgano que representaba a los nuevos creadores. Se trató de la aparición del primer y único número de esta, «revista de artes abstractas» dirigida por Carmelo Arden Quin, Edgar Bayley, Gyula Kosice y Rhod Rothfuss. Incluía escritos teóricos de los cuatro artistas, poemas de los tres primeros así como del chileno Vicente Huidobro y el brasileño Murilo Mendes. También reproducciones de Torres García (de quien incluía, además, un texto teórico y un poema), de su hijo Augusto Torres, del también uruguayo Rothfuss, de la portuguesa María Elena Viera da Silva, de los argentinos Tomás Maldonado (autor de la tapa) y Lidy Prati (autora de las viñetas), del holandés Piet Mondrian (muerto el 1 de febrero de ese año, en Nueva York) y del reconocido autor ruso Vassily Kandinsky (que iba a fallecer en París, el 15 de diciembre).
Los animadores de «Arturo» vaticinaban que el arte geométrico sería el arte de esos tiempos por excelencia, ya que despertaría en el hombre una conciencia más acorde con su espíritu de invención, de avidez por lo insólito y lo inesperado. Estos jóvenes artistas (al salir «Arturo», Arden Quin, el mayor, de ellos cumplía 31 años, Bayley tenía 24 y Rothfuss estaba por cumplirlos) intentaban inventar una realidad estética objetiva. Se trataba de forjar un arte con hechos visuales puros, ajeno a toda intención metafísica, emotiva y, por cierto, realistafigurativa: un arte válido por sí y en sí, libre de ataduras, con un arsenal escaso, pero de posibilidades ilimitadas: líneas rectas y curvas, triángulos, cuadriláteros, polígonos, elipses, círculos, más las combinaciones y modificaciones debidas a la interacción de estos elementos.
El espacio dejaba de ser inerte para volverse dinámico: incidían el juego de las formas y las tensiones que se entablaban en la tela. En 1945, surgió el Movimiento Arte Concreto-Invención, futuro Grupo MADI, aunque fuera del circuito de galerías y centros culturales: en la casa del brillante y sensible psicoanalista estudioso de Lautréamont, Enrique Pichón Rivière. También expusieron sus obras en el estudio de Grete Stern, la gran fotógrafa alemana que había estudiado en el Bauhaus y llegó a la Argentina en 1936.
A fines de 1945, Maldonado (1922), Raúl Lozza (1911), Hlito (1923-93), Bayley (1919-90, acaso el más grande poeta de su generación), Pratti (1921), los escultores Girola (1923-94), Enio Iommi (1926) y otros, formaron la Asociación de Arte Concreto -Invención, que ofreció cuatro exposiciones a lo largo de 1946 y expidió su -entonces obligatorio- Manifiesto, además de publicar un periódico que se agotó, siempre en 1946, al segundo número.
Ese año, el grupo de Arden Quin, Kosice y Rothfuss adoptó el nombre de Movimiento MADI, que realizó tres exhibiciones públicas y lanzó su Manifiesto. Desarrollaron una intensa actividad de muestras y publicaciones. Los madistas adoptaron el marco recortado e irregular, la superficie plana, curva o cóncava, y la articulación de planos de color «estrictamente proporcionales y combinados», para proyectar «la pintura más allá de la fórmula antigua donde se encerraba la pretendida imagen del neoplasticismo, constructivismo y las otras escuelas de arte concreto». Sin embargo, estas ambiciones creativas parecían chocar con la decisión de forjar «un arte de espíritu matemático, frío, dinámico, cerebral, dialéctico», anunciada por los madistas.
El uruguayo Arden Quin, poeta y pintor, radicado en 1938 en Buenos Aires, animó a los incipientes artistas -mucho menores que él- con quienes fundó «Arturo». En 1948, llevó el madismo a París y lo presentó en el Salón Realités Nouvelles. También en Francia, en 1951, junto con Volf Roitman creó el Centro de Estudios e Investigaciones madistas: impulsó y proyectó el movimiento internacionalmente. En 1996, con motivo de su 50 aniversario, se presentó una exhibición en Ibercaja, Zaragoza, y luego en el Museo Reina Sofía de Madrid.
Hoy, diez años después, se organizaron dos importantes muestras: una en el Centro Cultural de España, que documentó la historia del movimiento; y la otra: MADI. Proyecto 0660, -pinturas con marco irregular y recortado, relieves con luz, esculturas articuladas, estructuras lumínicas, obras con gas neón -, que se está exhibiendo en la Fundación Klemm (Marcelo T. de Alvear 636), dirigida por Rosa María Ravera.
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