24 de enero 2002 - 00:00

Si se entra en código, atrapa

Escena del film
Escena del film
(24/01/02) «Lucía y el sexo». (España, 2001, habl. en español). Guión y dir.: J. Medem. Int.: P. Vega, T. Ulloa, N. Nimri, E. Ayala, D. Freyre, S. Llanos, J. Cámara.

L a película con escenas más abiertamente eróticas de Julio Medem, es también la de interpretación más difusa. Sigue, eficazmente, con aquellas cosas que tanto gustan de «La ardilla roja» y «Los amantes del círculo polar» (enamoramientos, obcecaciones, hermosos y bien complejos juegos de un preciso azar), pero también deja suponer el próximo agotamiento de un estilo. Más de uno puede considerarla infatuada, alargada, y de poca sustancia. Pero igual atrapa.

Hay dos capítulos: «Lucía», donde la protagonista desespera y huye ante una situación terminal, y «El sexo», que se anuncia (guiño surrealista) como ubicada seis años antes, y donde se entremezclan el presente, el pasado, las fantasías de un escritor, las figuras que motivaron esas fantasías, y la lectura que de ellas hace la mujer. Y pasa de preguntas sencillas, aunque siempre difíciles de contestar («¿tuviste mejor sexo con otra?», «¿prefieres un polvo salvaje con una desconocida, o uno de amor con una salvaje conocida?»), a otra clase de inquietudes que, de modos indirectos, plantean la compleja relación hombre-mujer-hija, haciendo climax en un accidente fatal (y bastante simbólico).

Para tranquilidad del lector, diremos que, por suerte, todos los personajes terminan contentos. En el fondo, se trata de gente linda, con premuras pasionales (la parte más romántica y simpática de «El sexo»), y con penas parentales (la parte inquietante, medio turbia, y conflictiva). No por nada se habla de una isla que no es tal, una isla que puede bambolearse, y que tiene una parte oculta y cavernosa, pero también se habla de un cuento que -a diferencia de la vida- permite volver a la mitad y cambiar de rumbo.

Paisajes

Quizás algunos espectadores sólo consigan interesarse en las bonitas chicas, o los gratos paisajes y hospedajes de las islas Baleares, donde se rodó gran parte de la película (para más, en cinemascope). Otros, en cambio, disfrutarán también el desafío de la interpretación. La obra acepta lecturas psicologistas (por ejemplo, las etapas de la mujer, o las formas en que se refleja la mencionada relación triangular), mitologistas (abonadas por las ofertas de comida, y por la luna y otros elementos circulares o fálicos que van marcando cada etapa), cinematográficas (surge el recuerdo de Bertolucci), y literarias, y hasta literales. Pero nunca insustanciales.

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