14 de agosto 2008 - 00:00
Solá: "Durante mucho tiempo no tuve más ganas de hacer cine"
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Miguel Angel Solá: «Vivo en España pero llevo la Argentina en la sangre. Sin embargo, no
me gusta recibir noticias argentinas, me ponen muy nervioso».
M.A.S.: Hoy nos reunió a las seis de la mañana para charlar sobre una escena que filmaríamos a las nueve, pero es un tipo excelente, generoso, buen compañero de trabajo (pocos directores lo son), que quiere hacernos reír pero no puede porque somos unos pesados, siempre hablando de nuestros personajes.
P.: ¿Y cómo lo trata el cine en estos tiempos?
M.A.S.: Yo había perdido mucho la ilusión del cine. No tenía más ganas, me aburría. El año pasado hice dos trabajos pequeños para ver si podía retomar esa actividad, pero empecé una serie, seguí con otra, «Desaparecida», que fue un éxito, luego una tercera, «Unidad Central», la televisión me dio más ilusión. Para hacer un personaje en cine no me daba el cuerpo, ni la mente, porque estaba pensando en el cuerpo, que últimamente me había dado muchos dolores.
P.: Pero acá ha vuelto con «El corredor nocturno».
M.A.S.: Corre Sbaraglia, que hace de ejecutivo acosado por el testigo de un hecho de su pasado. Yo soy el acosador, ¿qué me queda? Un personaje muy bonito, directo, con sinuosidades, que va a traer mal a la platea, es el tipo que nos persigue todos los días. Gracias a este trabajo redescubrí Buenos Aires. Vivo en España, pero nací y viví 50 años aquí, llevo la patria en la sangre. Sin embargo no me gusta recibir noticias argentinas, me ponen muy nervioso, igual que los simpáticosganadores de siempre, que no dejan ver la Argentina de veras, la que trabaja, la que encuentro en los amigos, o al caminar, yo camino mucho. Y a veces miro también un poco desde arriba. La planta baja del país está diseñada para que nos matemos todos, pero desde el primer piso para arriba ¡qué hermoso país tenemos!
P.: Ha hecho también un argentino muy singular en el drama «La playa de los galgos», de Mario Camus.
M.A.S.: Un siquiatra afincado en Dinamarca, retirado, volcado al oficio de relojero, dedicado a una hija que quedó autista por haber visto cómo los represores mataban a su madre. El esconde un pasado destruido, pero, por ruego de un inocente que busca ayudar a su hermano, le toca asistir a un miembro de la banda etarra, que también ha matado, y el hecho le reabre las heridas.
P.: Cuénteme ahora del «héroe cansado» que hace en «Octavia», de Basilio Martin Patino.
M.A.S.: Es uno de esos personajes típicos de la izquierda europea, que salieron por el mundo y vuelven descreídos de la izquierda, pero tampoco les llegan las derechas, entonces escapan hacia el futuro, aunque sin hacer nada concreto por el futuro. Con su pasado, tiene un vínculo afectivo superfluo, no recreado en el presente. No entra en la lista de homenajes a los hijos pródigos de ninguna parte. Lo aprecian por todo lo que significa su misterioso pasado aventurero (redes de espionaje, contraespionaje, poder, haber estado junto a figuras famosas), pero nada más. Es un personaje importante, pero que no importa.
P.: ¿Y con la familia?
M.A.S.: A su juicio, su pariente mejor es el que siempre lo ha querido sin cuestionarlo. Pero él tiene una hija por ala que nunca se interesa, y una pequeña nieta que se termina suicidando. Esa vocación filicida de una parte de nuestras sociedades. Entonces dice «Algo hice mal». Sabe qué es lo que hizo mal, pero no puede enumerar todo lo que hizo mal.
P.: Y hace un discurso.
M.A.S.: Si, los nuevos viejos discursos de siempre. Esos tipos no derraman lágrimas verdaderas, sólo declaman, y enuncian teorías y estadísticas. Pero el corazón no cuenta. Contra gente así no tengo posibilidad de coraza, trato de no encontrármela, rehuyo su trato. Se ve con claridad, a la primer mirada, de qué clase son.
P.: ¿Y los chantas como aquel director de cine?
M.A.S.: Esos son subsistentes. Salvo que hagan una cosa que le reviente la vida a otro, pero no decretan muerte alguna, son dañinos por subsistir. Quizá, cuanto mucho, en algún puesto de privilegio terminen haciendo «cositas» para sus bolsillos. Igual, aunque comparativamente inofensivos, contribuyen a lo peor de la especie humana.
P.: ¿No tienen salvación?
M.A.S.: Si alguna vez hacen algo al nivel de «El cartero», «Cinema Paradiso», el cine de Ken Loach, o cualquier película de Nikita Mijalkov, si alguna vez hacen algo así, entonces su existencia tiene algún justificativo. Por suerte también he conocido algunos de ellos.
Entrevista de Paraná Sendrós




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