Es original esta historia sobre dos planes macabros enfrentados. Para empezar, ha de ser una de las pocas películas argentinas que incluye un bombardeo aéreo de la Segunda Guerra Mundial, sin por eso tener pretensiones spielberguianas. Y es que “Sola” transcurre en algo que parece ser la Alemania nazi durante la guerra, aunque tampoco es exactamente así, tan extraña es esta notable opera prima de José María Cicala. Es difícil contar el argumento ya que hay demasiados detalles que no se deberían revelar, pero básicamente cuenta la amable existencia de una mujer embarazada, Araceli González, cuyo marido ha muerto en el frente, y que arrenda la casa contigua a la suya, antiguamente parte de su propiedad, a un asesino prófugo y su mujer, también embarazada y del mismo tiempo que ella. Hay una enfermera secuestrada para atender a la mujer del homicida, un lechero libidinoso, un veterano de guerra medio loco y solitario, y la presión de las autoridades por comprobar que el embarazo de la protagonista no deshonre a su difunto marido; igualmente, una presencia sobrenatural sutil pero persistente.

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