23 de enero 2002 - 00:00

"Sólo acá, la obra de mi padre sufre un injustificado desdén"

Georgina Ginastera
Georgina Ginastera
(23/01/02) E stán los hijos de compositores que viven a expensas de los derechos de autor heredados, y otros que dedican su vida a mantener viva la llama de la creación que generaron su herencia. Es el caso de Georgina Ginastera, única hija del respetado compositor de «Estancia» y de «Bomarzo», cuyas obras hoy se ejecutan en casi todo el planeta, como corresponde al más trascendente compositor argentino, que con el paso del tiempo, adquiere mayor significación y representatividad. Su hija viaja constantemente para asistir a esos eventos y promover las creaciones paternas, así como revisar las ediciones, transcripciones, puestas en escena, tomar contacto con los intérpretes y encargarse personalmente de toda tramitación vinculada al tratamiento serio del caudal musical heredado. Justamente entre viajes (apenas llegada de Cuba, ya salía para Francia) Georgina Ginastera dialogó con este diario y adelantó, entre otras cosas, que proyecta escribir la biografía definitiva de su padre.

Periodista: ¿Está vigente la música de Alberto Ginastera en el exterior?


Georgina Ginastera:
He comprobado que en Estados Unidos, por ejemplo, se la frecuenta casi diariamente en algún punto y que la mayoría de las orquestas tiene su obra en repertorio. Ultimamente se hicieron transcripciones para Banda, de manera que se toca también en Colleges y Universidades. Tuvo gran repercusión la noche argentina en el Carnegie Hall, donde Charles Dutoit dirigió «Glosses» y se esperaba que Martha Argerich tocara el Concierto N° 1, en su lugar tocó el Concierto de Tchaicovsky, pero se comprometió públicamente a tocarlo en esta temporada.

P.: ¿Y en otros países?

G.G.: En los europeos, por supuesto, pero como yo vigilo personalmente la difusión de la obra de mi padre y las ediciones, compruebo también que su interés abarca nuevos mercados. Por ejemplo, los países del Este (Polonia, República Checa, Yugoslavia) pero también Sudáfrica y países del sudeste Asiático, como Corea, Taiwán y Japón, donde su Concierto para Arpa es muy popular. Este concierto también será ejecutado por la Orquesta Nacional de Lima el 2 de abril, con la arpista entrerriana Marcela Méndez como solista. Otro mercado que se abrió a su música es el Escandinavo.

P.: ¿Y cómo van las óperas?

G.G.: «Beatrix Cenci» fue un éxito en Ginebra, y «Bomarzo» ha pasado por todos los grandes teatros del mundo, últimamente en Zurich y Londres. En el Lincoln Center la recuerdan como un acontecimiento. Por eso, es extraño que en nuestro país ya pasaran quince años desde la última vez que se montó una de sus óperas. En Argentina, a excepción de la Filarmónica de Buenos Aires, la música de Ginastera sufre un injustificado desdén. Inclusive hay grandes solistas que no tocan compositores argentinos, pero cuando Luis Ascot tocó su Concierto para Piano en el Colón, la sala estaba repleta y fue ovacionado.

P.: Pero ¿hay argentinos que tocan Ginastera en el exterior, al menos?


G.G.:
Sí, últimamente la pianista Poli Ferman con el bandoneonista Daniel Binelli, tocaron a Ginastera en Armenia, la China -en un Festival de Música Contemporánea, despertó tanto interés que se armó una repetición al aire libre ante millares de espectadores-y también en el Japón. El celebrado pianista adolescente Horacio Lavandera programó las «Danzas Argentinas» de mi padre para tocarlas en Alemania el próximo abril. El violoncellista Ricardo Sciamarella con el pianista Alberto Portugheis tocan la «Pampeana» en Londres. A cada rato veo en los catálogos que aumentaron sus grabaciones de obras sinfónicas y de cámara.

P.: Esta regresando de Cuba...


G.G.:
Sí. Nunca había ido y tenía gran curiosidad. Hay un interés inusitado por la música del Siglo XX, una programación sorprendente que los abarca a casi todos, entre ellos mi padre, claro. Las «Variaciones Concertantes», que Eugene Ormandy difundió tanto por el mundo, serán extrenadas el 2 de junio en el Teatro Amadeo Roldán de La Habana. La Sinfónica será dirigida por el notable compositor Leo Brower. Ahora mismo vuelvo a París para tramitar con el editor musical Durand la ampliación para orquesta de obras pianísticas que, estoy segura, producirán un gran impacto. Me encuentro con el escritor Esteban Buch, que está terminando un frondoso ensayo sobre la ópera «Bomarzo», que incluye el sonado asunto de la censura y que concretó con una beca de la Fundación Guggenheim.

Panorama

P.: ¿Cómo ve el presente y, sobre todo, el futuro cultural del país?
G.G.: En estos tiempos de cacerolazos, que para mí es una expresión de madurez cultural, me asombra que los marginados trabajadores de la cultura: pintores, músicos, escritores, pensadores e intelectuales no expresen ni denuncien más el estado caótico y de abandono del sector...

(La entrevista se interrumpe con la llegada de Sergio Renán, que le trae noticias de una próxima puesta en escena de «Bomarzo» en el exterior, y que en el Colón se murmura la intención de montar dicha ópera o «Don Rodrigo». También llega el pianista y compositor Manolo Juárez, entusiasmado porque va a participar en el Festival de Música Contemporánea en el Teresa Carreño de Caracas. La dejamos con ellos).

Dejá tu comentario

Te puede interesar