Festival Internacional de Bs. As. «Nigth Moth». Coreog. e int.: P. Hauerová. «Tierra de Mandelbrot». Idea y dir.: E. Mercado. (C.C. de la Cooperación, 21/9.) «Display Píxel 3». Realización: V. Epplay y A. Schmitt. (Teatro San Martín, 23/9.)
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En los últimos tramos del Festival Internacional de Buenos Aires se presentaron dos espectáculos de danza contemporánea y una «performance», los tres de magros resultados. «Night Moth» es un solo de danza sobre música electroacústica y con coreografía e interpretación de la checa Petra Hauerová, cuyo programa de mano consigna que se trata de «Una pesadilla de una mujer atrapada que se transforma en una mariposa nocturna». La absoluta preeminencia de la tecnología lumínica va en detrimento de la expresividad de la figura humana, que apenas se hace visible en la oscuridad de la sala atravesada por un entramado de rayos láser que evocan aparentemente las formas de una mariposa en vuelo.
Lo único que se percibe en este espectáculo es la búsqueda del efecto plástico sin ninguna implicancia emocional o en el plano de las ideas. Sólo efectos, ya vistos, además, en algunos espectáculos líricos como «La flauta mágica» de Mozart, donde se han usado y ya ha sido superado como recurso escénico, pero por lo menos en función de una necesidad expresiva. Fueron 30 minutos de una experimentación vacía y bastante alejada de la danza.
También haciendo hincapié en la tecnología y en los sonidos electrónicos, «Tierra de Mandelbrot», de Edgardo Mercado transita por los caminos de la experimentación. Acá son tres los personajes (dos bailarinas y un bailarín violinista) que se desplazan en medio de una proyección infinita de imágenes de números, cifras, letras y fórmulas que terminan por resultar un incomprensible universo visual sostenido por una base literaria hermética desde el vamos e imposible de trasladar al vocabulario de la danza.
En «Display Píxel 3», una pantalla de video y dos programadores digitales ocuparon el escenario de la sala Casacuberta para esta experiencia. Sin personajes en vivo, todo lo que se vio y oyó fueron imágenes de formas geométricas sincronizadas con sonidos electrónicos. Los desconcertados espectadores aplaudieron tímidamente esta «experiencia» y otros en igual cantidad la silbaron.
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