14 de mayo 2008 - 00:00

"SOS Ex"

«SOS Ex» (Argentina, 2008, habl. en español). Guión y dir.: A. Tambornino. Int.: C. Toker, Ch. S. Kim, P. Ribba, A Celentano.

Prácticamente dos varones y dos mujeres, un velerito, unas cucarachas (o la misma, que actúa en varias tomas), una luna enorme que parece casi al alcance de la mano, lindos paisajes de amanecer o anochecer sobre el río, y ese río inmenso que tenemos, único, de plata, a veces cálido, calmo, brillante, a veces turbio, traicionero, imprevisible. Con esos materiales los responsables de esta película hicieron lo que hicieron.

La anécdota ya es conocida. Un tonto apodado Puma, que no sabe ni para qué lado queda su casa, y su amigo el Chino deciden probar el velero de este último, llevando de compañía dos viejos amores. Pero lo que debía ser el simple paseo de una tarde, se ve complicado a causa de un inoportuno chubasco que les tuerce el rumbo. En verdad, no vemos nubes amenazantes, sólo unas gotas, de pronto, cayendo hacia la cámara, y los sujetos en cuestión después no ven ni siquiera por dónde se pone el sol ni salen las estrellas, y encima tampoco tienen radio. Convenciones, digamos, que permiten prolongar la estadía, poner alguna escena de nervios y reproches, y acercar un poco los cuerpos, que lucen escasísimo vestuario. Lástima que, como no se desarrolló una expectativa previa, para encariñarnos con los personajes, y no surge luego un clima dramático ni de mayor erotismo (salvo una escena bien hecha de una mano masculina que avanza bajo la toalla y la sonrisa complacida de la mujer envuelta en esa toalla), tampoco se perciben demasiado los cadenciosos vaivenes de la nave cuando los personajes están dentro de la cabina (algo que nos haría compartir mejor la sensación de navegar, y de «cadenciar»), y, aparte de eso, las varias conversaciones que transcurren son anodinas, inconducentes, o cuanto mucho vulgares (y para eso uno se queda viendo televisión), poco nos importa lo que a esta gente le pase por la cabeza, ni por el estuario.

Así, el asunto transcurre sin mayor gracia que festejar, ni desgracia que lamentar, ni siquiera la desgracia de perder demasiado tiempo, ya que la película es bastante breve y a fin de cuentas tiene ese atractivo. Cuando se presentó en el Bafici los lectores de un sitio de internet dijeron, exageradamente, que estaba al nivel de los bodrios de Rodolfo Ledo. No hay que exagerar. Pero diferenciemos bien, porque en las películas de Ledo, por más populacheras que sean, las mujeres son tratadas como diosas, y cierta escena donde los dos amigos discuten con unos fiesteros que le tocaron el traste a uno, Emilio Disi y Gino Renni la hubieran hecho mejor.

P.S.

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