Steven Spielberg se probó en una autobiografía con logros parciales

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"Los Fabelman" emociona en lo que se refiere a su temprano descubrimiento del cine, pero se vuelve despareja en los retratos adolescentes.

El cine intimista nunca ha sido el fuerte de Steven Spielberg pero, después de tantas películas y aprovechando las limitaciones de rodaje en la pandemia, el director de “Tiburón” y tantas grandes películas de los géneros mas variados se dio el gusto de probar otro tipo de género que daba lugar a una exploración de cómo creció para convertirse en un joven cineasta en el marco de una no tan tradicional familia judía de posguerra.

Spielberg siempre se caracterizó por tomar riesgos, y un ejemplo de estos desafíos artísticos es pasar de sus primeros éxitos del género fantástico a una comedia alocada de época como “1941”, su primer fracaso aunque ahora, quien la encuentre la disfrutará mucho más que en su momento. Y ni hablar cuando, luego de hacer temblar la taquilla con Indiana Jones, apostó por proyectos más serios –no necesariamente superiores en términos cinematográficos- como “El color púrpura” o “La lista de Schindler”. Hoy sabemos que hay muchos tipos de películas que puede filmar Spielberg, y parte de la gracia de “Los Fabelman” es conocer su regreso a sus raíces infantiles y adolescentes como cineasta, empezando por un hecho autobiográfico genuino que fue cómo la escena del choque de un tren en el opus circense de Cecil B. De Mille “The Greatest Show On Earth” (“El espectáculo más grande del mundo”) le generó la compulsión de recrear el accidente con un tren de juguete y la cámara de 8 mm de su padre.

Esta escena no tiene desperdicio, igual que otros momentos de temprana cinefilia spielberguiana como el rodaje de film bélico “Escape to Nowhere”, sin dudas el precedente de su famoso “Rescatando al soldado Ryan”. Sólo que a lo largo de dos horas y media el director y aquí también co-guionista –tarea que no acometía desde hace dos décadas con “A. I. Inteligencia Artificial”- mezcla recuerdos reales con una ficción sobre una familia judía disfuncional con un secreto de indiscreción materna que el joven cineasta descubre casi al estilo de la foto del film de Antonioni “Blow Up”, y la revelación es tan obvia que no aporta demasiado al argumento, aunque sí resulta en una buena actuación de la madre, una pianista virtuosa que dejó esa carrera para dedicarse a su hogar, encarnada por Michelle Williams. E incluso en medio del contexto intimista Spielberg no puede con su genio y tiene que mezclar los conflictos internos de la protagonista con un huracán que hace volar todo en el vecindario.

El director sí logra algunos de los mejores momentos del film en el segmento donde aparece el curioso tío Boris (Judd Hirsch de “Puente de espías”), especie de excéntrico saltimbanqui que le da un buen par de consejos al futuro cineasta sobre la determinación necesaria para ser artista. Pero la película se vuelve despareja cuando enfoca típicos pasajes de la adolescencia del alter ego del realizador, incluyendo el asedio antisemita entre adolescentes, que queda sin una resolución convincente, igual que otros aspectos de una película que daba para más. Eso sí, la escena en la que David Lynch personifica a John Ford vale por sí misma el precio de la entrada.

D. C.

“Los Fabelman” (“The Fabelmans”, EE.UU., 2022). Dir.: S. Spielberg. Int.: M. Williams, G. LaBelle, J. Hirsch.

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