Stomp desarrolló una técnica asombrosa para hacer música con cualquier objeto. El problema surge cuando el espectador empieza a perder la capacidad de asombro ante ritmos que se reiteran casi sin variantes.
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El problema surge cuando, ya descubierto ese talento, el espectador empieza a perder la capacidad de asombro frente a la destreza gimnástica. De lo que hacen sonar resulta música (casi siempre, sólo ritmos; únicamente hay una propuesta melódico-rítmica en el cuadro de los tubos de goma); y esa música carece de la variedad necesaria como para mantener la atención del público en primer plano.
En ese sentido, son muy poco audaces y los compases regulares -ternarios o binarios- se reiteran casi sin variantes, inclusive en sus dibujos rítmicos. Tampoco están muy explotados los aspectos teatral y coreográfico. Sólo por momentos, el humor logra sacar el espectáculo de una rutina que lo domina en su mayor parte; y apenas con los breves cuadros de la percusión en altura o de los encendedores -los visualmente más atractivos-logran romper con una reiteración escénica que se va haciendo más evidente a medida que transcurre el show. Peor todavía, cuando ya se los ha visto antes.