13 de marzo 2006 - 00:00
Stupía: el arte como sensación y reflexión
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La retrospectiva de Eduardo Stupía que se exhibe en Recoleta puede verse como el viaje
de un minucioso y obsesivo explorador de las formas.
A través de los años, el lenguaje de Stupía se vuelve más y más sagaz y su ojo más certero; los ritmos más armónicos y la construcción más abstracta; las imágenes más ambiguas con un creciente poder evocativo. Con el dominio de nuevos materiales (tinta de impresión y esmalte sintético), aparece un dramático quiebre en la línea que rompe el estilo apacible; con la vieja estrategia impresionista de acercarse y alejarse del cuadro, cada obra se transforma en muchas obras a la vez, la que se ve de cerca y la que se divisa de lejos. Al ingresar a la sala, el conjunto resulta monótono. Es preciso internarse en cada obra para percibir los inagotables paisajes y resonancias que encierra. Situado en un punto intermedio entre una figuración que se intuye como un sueño y la abstracción total, Stupía aclara frente a uno de sus cuadros: «Los bosques están. Están a través de un lenguaje que no es el de la mímesis de lo real, pero que tampoco le da la espalda».
La megamuestra está curada con buen criterio selectivo por Mercedes Casanegra, y cuenta con el excepcional montaje de Gustavo Vázquez Ocampo, que interrumpe el monocromo con paneles rojos, crea espacios nítidos para las distintas épocas, genera recintos de intimidad y deja un espacio escenográfico para un inmenso mural.
Esta magnífica pintura se desplaza sobre el muro con la gracia de una composición musical. Los charcos de tinta y la maraña de pinceladas, parecieran tener su correspondencia sonora, los torrentes y remolinos mecerse al compás, las gotas de tinta producen vibraciones, mientras la densidad de la pintura y los espacios blancos se adivinan como silencios y melodías que culminan en un gran acorde. El mural trae finalmente el recuerdo del principal fundamento para el desarrollo de la pintura abstracta de Kandinsky: «El mundo suena». En suma, con su expresividad contenida, Stupía depara sensaciones fuertes en el espectador.



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