"El barco" inauguró el streaming del San Martín

Espectáculos

Es la primera producción específicamente diseñada para ese medio, dentro del programa "Teatro híbrido", que nació por imposición de la cuarentena.

“Me resulta doloroso ver a la gente en televisión almorzando a un metro de distancia y que nosotros, los artistas de teatro, no podamos trabajar. Pasamos muchos meses sin tener un protocolo para ensayos o para filmar teatro. La televisión no tuvo que parar ni un solo día para tener su protocolo. Fue muy injusto”, dice Mariano Tenconi Blanco, autor y director de “El barco” que la primera obra creada en pandemia especialmente para el streaming del CTBA y que puede verse desde el pasado jueves.

Su saga de cuatro obras en residencia con el Complejo Teatral de Buenos Aires explora la relación entre América y Europa. Ante su postergación para el año próximo se le solicitó una adaptación al formato audiovisual dentro del programa de “Teatro híbrido” que presenta el San Martín desde este mes y que desde abril subió material histórico de sus teatros a la página de Cultura en Casa. El elenco está integrado por Santiago Gobernori, Agustín Rittano, Lorena Vega, Marcos Ferrante, Laura Paredes y Juan Isola. Dialogamos con Tenconi Blanco.

Periodista: Vuelve sobre temas existenciales como el amor, la esperanza, la maldad o la muerte.

Mariano Tenconi Blanco: Para mí, quizás como para los científicos de esta obra, siempre es importante que cada nuevo proyecto tenga como objetivo una investigación, que en mi caso son los libros. Cada proyecto de escritura es un proyecto de lectura. El proyecto “La Saga Europea” se compone de cuatro obras que se desarrollarán en residencia en el Complejo Teatral de Buenos Aires y se propone explorar la compleja relación entre Latinoamérica y Europa, desde la literatura. Se ha dicho que hay tres formas en las que América Latina se relaciona culturalmente con Europa: admiración pura, rechazo total y antropofagia, y son estos ejes los que atraviesan toda la saga.

P.: ¿De qué autores y textos se nutrió?

M.T.B.: Desde el teatro de Shakespeare o “La Divina Comedia”, pasando por Cervantes, Goethe, Nietzsche, Balzac, y también Echeverría, Mansilla, Sarmiento, Borges, Saer, Aira. El “Fausto” de Goethe, “Doktor Faustus” de Thomas Mann, “Madre noche” de Vonnegut, “El malogrado” de Thomas Bernhardt, “Una excursión a los indios Ranqueles” de Mansilla, “Las nubes” y “La ocasión” de Saer, “La tempestad” de Shakespeare, “Vigilia del almirante” de Augusto Roa Bastos y “El Quijote”, que siempre está.

P.: ¿De qué trata “El barco”?

M.T.B.: Dos naturalistas europeos viajan en barco cruzando el Océano Atlántico. Se dirigen a Sudamérica, más precisamente a la Patagonia. El objetivo es hallar el origen del ser humano. Tras su periplo llegarán, finalmente, a la ensoñada América. Pero el barroso Río de la Plata no es exactamente como lo imaginaban. La saga está formada cuatro obras no cronológicas y que tienen un valor independiente.

P.: ¿Cómo fue el pasaje forzado de una obra concebida para lo escénico a lo audiovisual ? ¿Qué se ganó y que se perdió?

M.T.B.: “El Barco” la reescribí pensando en que pudiera ser poderosa también en términos audiovisuales. Convocamos a Agustina San Martín, una cineasta que admiro mucho, para trabajar juntos en la dirección. A ella le encantó el texto y aparecieron muchas ideas sobre cómo filmar esta historia. Se produjo una experimentación interesante en torno a los dos lenguajes. Por supuesto, nada reemplaza al teatro. Pero mientras esperamos que regrese, fue bueno tener la posibilidad de probar formas nuevas.

P.: ¿Cómo ve las nuevas alternativas de teatro por streaming en cuarentena?

M.T.B.: Los artistas de teatro estuvimos casi seis meses sin trabajar así que esperaba poder encontrar alternativas. Algunas me seducen más y otras menos, como espectador y como creador. Es importante poder seguir trabajando, en términos económicos y simbólicos.

P.: ¿Le interesa escribir sobre la pandemia?

M.T.B.: Siento que me falta tiempo y distancia para poder o querer decir algo. No creo demasiado en los artistas como cronistas del presente. Me parece más interesante pensar al artista como quien produce forma, y que esa nueva forma de organizar la experiencia sea la que nos hace mirar el mundo de una nueva manera.

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