Como mirando al futuro: el
jefe de Gobierno, Jorge
Telerman, y la ministra de
Cultura, Silvia Fajre, ayer
en el Colón.
Un actor norteamericano, George Burns, decía que si alguien llegaba a los 100 años ya no tenía que preocuparse más por su salud, porque a partir de ese día no se iba a morir más. El Teatro Colón, que dentro de dos años celebrará su centenario, vino acercándose a esa fecha con más temores que los de Burns.
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Nunca como en los últimos tiempos hubo tanto cambio de directores, tanto peligro de suspensión de actividades, como el que se produjo el año pasado durante las actuaciones de Martha Argerich, y tantas modificaciones de temporada (la que ideó Tito Capobianco para 2008 se desvaneció más rápidamente que las camelias de «La Traviata»). Y, sin embargo, parte del habitual milagro argentino, el Colón está vivo, y dispuesto a celebrar sus 100 años con nueva cara.
Ayer por la tarde, mientras el granizo amenazaba algunos de los resistentes vitreaux, el jefe de Gobierno Jorge Telerman y su ministra de Cultura, Silvia Fajre, presentaron a la prensa el estado de obras de refacción y remodelación del edificio, cuyo «estreno oficial» se producirá, como es lógico, el 25 de mayo de 2008, día del Centenario.
Tal como los abonados saben, y les pesa (aunque es natural que así sea), el Colón concluirá su temporada de este año antes de lo habitual, y permanecerá cerrado, en obras, durante todo 2007, hasta su reinauguración al año siguiente. Este lapso, se subrayó ayer, es inclusive menor al que debieron atravesar salas europeas, como el Covent Garden de Londres o el teatro Alla Scala de Milán, cuando sus estructuras edilicias debieron ser restauradas.
Junto a los funcionarios formaron ayer parte del recorrido la subsecretaria de Patrimonio Cultural, Nani Arias Incollá; el director general de Infraestructura, Alvaro Arrese; el director general del Colón, Leandro Iglesias; el director artístico, Marcelo Lombardero, el presidente de la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares históricos, Alberto De Paula; la presidenta de la Fundación Teatro Colón, Teresa Bulgheroni, y la arquitecta Sonia Terreno, coordinadora del llamado «Master Plan», una de las creaciones de Telerman en sus años como secretario de Cultura.
El «Master Plan», presentado en 2000, es un proyecto de reformas y política cultural que inspiró al actual jefe de gobierno algunos planes similares en ciudades europeas, como Barcelona (inclusive, uno de los diseñadores del plan catalán viajó en su momento a Buenos Aires para sumarse, en su arranque, al porteño).
Para la sala de plaza Lavalle serán destinados 25 millones de dólares, provenientes de fondos públicos (tesoro del gobierno porteño) y privadas, en especial un crédito del BID. También participarán, en menor escala, la Fundación Teatro Colón y sponsors particulares. Hasta hoy, 80% de los aportes provienen del crédito del BID, aunque se calcula que en 2008, cuando las obras hayan concluido, esa participación se reducirá a 50% y el resto, en su mayor parte, vendrá de los dineros públicos.
Las reformas en el Colón comprenden un total de 32 trabajos sectorizados (desde reparación e impermeabilización de techos hasta sustitución de telas y cortinados), de los cuales hasta el momento fueron realizados 16: según el gobierno porteño, esa proporción representa más de cincuenta por ciento de las obras, ya que en volumen los primeros trabajos realizados fueron los más voluminosos y demandantes.
«El Colón es uno de los mayores íconos culturales de la Argentina y su puesta en valor es un hecho postergado pero imprescindible, que nos permitirá llegar a su centenario, en el 2008, con un teatro restaurado con sus características originales y con los avances tecnológicos del siglo XXI», dijo ayer Fajre, luego de que Terreno presentara un video en «power point» con el detalle de las obras realizadas y por realizar.
«Esto es una decisión política», agregó. «La utilización de un crédito del BID, la continuidad de una tarea de seis años y la posibilidad de cerrar el teatro por un año. Esta tarea es posible gracias a una política de Estado, que requiere continuidad en el tiempo, porque una vez finalizada la obra habrá que sostenerla con el adecuado mantenimiento».
«En 2001 elaboramos un plan por etapas», dijo Terreno «con miras al 2008, año del centenario del Teatro, basado en tres premisas: hacer una restauración conservativa, que respete los rasgos esenciales; la inalterabilidad de su excelente acústica; y realizar un importante porcentaje de obras a teatro abierto».
Entre 2001 y 2003 según se dijo, se realizó el relevamiento y diagnóstico, y luego comenzaron las obras de restauración, que también comprenden la ejecución de la Plaza del Vaticano (sobre Viamonte), un conjunto de obras en la caja escénica y la renovación de las instalaciones. Y, por supuesto, habrá que resignar algo más de un año de música en el Colón, y a que se cumpla la profecía de George Burns.
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