18 de abril 2001 - 00:00
"Tener que decir la verdad es una forma de censura"
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Tomás Abraham.
T.A.: La filosofía no es hablar de filosofía o de filósofos, es poner una idea en movimiento y hacerla circular por cualquier tipo de ámbito. «Tensión» es una idea y la filosofía trabaja con ideas. Ensayar ideas es lo que diferencia a la filosofía de otros intentos intelectuales. No hay materiales filosóficos, hay modos filosóficos de tratar materiales.
P.: ¿Enfrentando al gurú Osho con el filósofo Heidegger?
T.A.: Es una tensión atractiva. Osho, gurú hindú licenciado en filosofía occidental, conoce Heidegger, y no sólo conoce Nietzsche sino que escribió sobre él. Aunque Osho no escribía, hablaba; y lo que se lee son desgrabaciones de sus discípulos. Tanto Osho como Heidegger escribieron sobre «Así hablaba Zarathustra». Es una confrontación muy interesante.
Osho tiene una prosa batalladora, polémica, frontal, de imprecación, muy parecida a la de Nietzsche, mientras que el estilo de Heidegger sobre el «Zarathustra» es la meditación, la poesía como modo filosófico de pensar, una prosa que se va deshilando, que no es sistemática sino que fluye. Osho parece occidental y Heidegger oriental. Osho es un batallador, habla sobre el «Zarathustra» de Nietzsche después de haber estado encarcelado en Occidente. Tenía muchos problemas con la CIA, y cuando sale va a la India con arresto domiciliario. Tiene furia y elige el «Zarathustra» para expresarla. Es muy interesante ver a un pensador hindú, llamado gurú, que tiene discípulos, practica yoga y tiene una visión tan anticontemplativa, tan activa del pensamiento.
Pensar en Argentina
P.: Una división posible de «Tensiones filosóficas» podría hacerse entre «pensar desde la Argentina», por ejemplo sobre Pessoa, y «pensar la Argentina», observando las tensiones Sarmiento-Quiroga o los liberales Sarmiento-Alberdi...
T.A.: La imagen de la tensión es una soga tirada de las dos puntas. En la tensión Sarmiento-Quiroga uno se pregunta cuál es la punta Quiroga. Conocemos la tensión Sarmiento porque escribió «Facundo». Le pedí a Mónica Cabrera que investigara para encontrar una palabra de Quiroga, porque la tensión tiene que ser de réplica. Trató de hacerlo lo mejor posible para que haya una visión sarmientina desde un posible Quiroga. En el caso de Sarmiento-Alberdi, Hebe Uhart ironiza sobre una tensión entre unitarios y federales que parece confluir en una cierta armonía. Entre los hermanos Discépolo hay una tensión real entre una fratria, no fratricida, donde una personalidad opaca a otra, hasta que el opacado busca encontrar su propio destino. Ojalá el libro sirva para que a otros se les ocurra pensar en tensiones no ya individuales sino de parejas y hasta de grupos porque las ideas no se conforman en forma solitaria; aunque el otro no esté presente tiene presencia, es otro pensamiento.
P.: ¿Cómo se da la tensión en el poeta Fernando Pessoa?
T.A.: Lo que me impresiona en Pessoa es el riesgo psíquico de su tarea intelectual. Los autores que crea al escribir no son un seudónimo, es algo mucho más profundo, se instala en una personalidad. Si bien habla de representación, es más que un actor, porque el actor interpreta y lo suyo es más límite. ¿Cómo pudo sostener los hilos de la unidad que toda persona necesita con ese tipo de juego tan arriesgado de instalarse en autores que él inventa, con personalidades distintas, escribir con estilos diferentes, desde lugares diversos, siendo él mismo partícipe de esos personajes, y crear un drama de existencias donde esos autores discuten entre sí? Do Campos comenta un poema de Reis en una revista y Reis le contesta. Bernardo Soares lleva un diario íntimo no publicado. Pessoa inventa ese juego literario y me pregunto hasta qué punto no fragiliza la consistencia de una personalidad. La gente busca con el paso de la vida fortalecerse, tener autonomía, Pessoa lo que quiere es debilitarse. Me interesó el costo psíquico de ese juego.
P.: Impresiona que ninguno de esos poetas inventados por Pessoa, tan distintos, sea banal...
T.A.: Ahí se ve el talento. Concentración, esfuerzo, orden, persistencia, sistematicidad, inteligencia, todo eso es muy humano, pero el talento es algo que se nos escapa. Qué bien escriben Reis, Caeiro, Do Campos, Soares... Creo que el que menos bien escribe es Pessoa porque «Mensage» es loco, uno que otro poema es bueno, los ensayos profascistas algunos son muy inteligentes y otros tirados de los pelos.
Es un reaccionario, nunca conservador, que como Nietzsche critica el socialismo y proclama que no lo indigna la corrupción, lo indigna la gente que denuncia la corrupción y roba. El gran talento de Pessoa es que nunca es banal ni solemne, siempre de extrema sensibilidad, humor y libertad. Esa posibilidad de pájaro que se posa y vuela en un mismo verso hace a Pessoa muy grande, por eso escribí sobre él desde la más profunda admiración. La filosofía no es un género, y el «Libro del desasosiego» de Pessoa no es menos filosófico que «La república» de Platón.
P.: Saramago y Tabucchi usaron los poetas inventados por Pessoa para escribir novelas, en una suerte de homenaje...
T.A.: Es inalcanzable Pessoa, es como Borges en la Argentina. No es que sean seres angelicales, son hombres que han creado mundos. Pessoa, Borges, son seres que tienen un plus que no depende únicamente de lo humano, no sé qué gen tienen que les permite un vuelo que nos inspira y nos enseña a nosotros.
P.: ¿Cómo armó el seminario que se transformó en este libro?
T.A.: Hacía mucho que tenía esa idea de «tensiones» y hace dos años se la propuse al grupo con que me reúno los jueves. Cada participante trajo su proyecto y comenzamos a trabajar sin el propósito de un libro sino de un seminario. Escuchábamos las exposiciones y las discutíamos. Era un tema muy creativo que obligaba a mezclar erudición con imaginación, a reflexionar de forma distinta. Como no hay una materia llamada «tensiones», o libros que traten eso, había que pensar.
P.: ¿Luego de «Tensiones», a qué temas se dedicaron?
T.A.: El año pasado trabajamos «filósofos del siglo XX», que está terminando, y el próximo será «invenciones filosóficas», que considero un paso más, porque va a tratar el ejercicio de la mentira en la filosofía, si somos capaces de mentir, de la ficción pero no como los novelistas, de jugar con la credulidad del lector. Pondrá en tela de juicio ese pacto entre el lector y el autor de ensayos que supone que el ensayista dice algo que es cierto. En la Argentina tenemos un maestro, no hay que buscarlo muy lejos; Borges es un monumento nacional en el que nos podemos inspirar. Quiero trabajar la pulsión filosófica que proviene de arcanos que sostienen que hay que decir la verdad; creo que eso es una operación de censura, no de autenticidad.
P.: ¿Aparecerá algún nuevo libro de Tomás Abraham?
T.A.: Hacia fin de año saldrá «Pensamientos rápidos», donde ordené buena parte de lo muchísimo que escribí en diarios y revistas sobre temas que van de lo filosófico a lo político o deportivo. Tratará de cuestiones puntuales: de un partido de fútbol, lo que dijeron la madre de María Soledad, De la Rúa o Menem. Se llama «Pensamientos rápidos» porque es muy importante que el filósofo tenga reflejo de la situación que le presenta la actualidad del instante. Si el filósofo no tiene reflejos para eso, ¿de qué trabaja? ¿Qué piensa? ¿Piensa lo que nunca pasa? ¿Piensa sólo «grandes temas» y no lo puntual? ¿Qué pasa con un filósofo, ducho en una especialidad filosófica, y frente a la actualidad dice lo mismo que doña Rosa?
¿Puede tener fina erudición y repetir estereotipos sobre lo que ocurre? Importa al periodismo que incursione en el pensamiento de tipo filosófico. Hay poco pensamiento en el periodismo: no es convocado porque no es previsible. A mí no me llaman porque no saben qué voy a escribir: «No es de izquierda, no es de derecha, no es progresista, andá a saber con qué se viene». Como algunas veces logré que me llamaran, recopilé esos artículos. Aparte de eso, trabajo en «Situaciones postales» donde, sobre la base de la correspondencia entre pensadores, voy a armar algo.




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