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21 de octubre 2003 - 00:00

Terminó con calidad el festival teatral cordobés

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El Festival del Mercosur siempre se ha caracterizado por sumar a su programación de sala, nacional e internacional, una fuerte presencia en los espacios públicos. Este año, buena parte de los espectáculos callejeros tuvo un marcado corte experimental destinado a «problematizar» la vieja antinomia realidadficción. Buen ejemplo de ello fue el cautivante trabajo presentado por la directora Beatriz Catani, oriunda de La Plata, que lleva por título «Félix.María. De 2 a 4».

Se trata de un intenso recorrido por distintos puntos de la ciudad, en el cual un grupo de 15 espectadores, con auriculares, sigue las vicisitudes de una joven pareja en crisis. Las conversaciones de los protagonistas son transmitidas a través de una radio de frecuencia modulada. Al mismo tiempo, actores y público caminan por la ciudad, viajan en taxi y en colectivo, asisten a una peña folklórica, visitan un albergue transitorio (con videoporno incluido) y terminan el recorrido en un hospital público. Aun tratándose de un sencillo melodrama, la experiencia alcanzó un sensible punto de dramaticidad gracias a las convincentes actuaciones de Ivan Esquerré y María Coleff. El elenco platense logró de esta manera una fuerte presencia dentro del Festival.

Más polémica resultó la instalación teatral ideada por la directora alemana Angie Hiesl, que en general provocó desconcierto y algunos rechazos. «¿Qué es eso?» fue la pregunta más generalizada, cuando cada tarde de 18.30 a 19.30 diez ancianos --sentados a cinco metros de altura, en sillas adosadas a diez edificios del microcentro-se dedicaban a leer, bordar, pelar una papa o jugar al tatetí.

Las justificaciones teóricas de esta artista alemana que intenta reivindicar a la tercera edad no impidió que una directora cordobesa protestara enardecida: «¡Con este calor, por qué no se va a colgar a su abuelita!».

La muestra internacional exhibida en sala abrió con un espectáculo protagonizado por Hanna Schygulla, «Ella!
Louise Brooks», que terminó por frustrar a la mayoría de los espectadores, ya que su presencia se vio relegada a un tercer plano en relación a la película muda que se proyectaba en escena y a los músicos que tocaban en vivo. Ver a la actriz preferida de Fassbinder leyendo de espaldas al público no es precisamente lo que se espera de una estrella del espectáculo.

Mucho más original resultó la puesta del grupo chileno La Patogallina («El húsar de la muerte ») dirigida por Martín Erazo. La idea de representar una famosa película muda, en vivo y simulando una proyección en blanco y negro, fascinó a todo el mundo.

Los sangrientos episodios ocurridos en Bolivia la semana pasada hicieron que toda la comunidad teatral cordobesa brindara su solidaridad a los artistas bolivianos que quedaron varados en la Argentina hasta el pasado lunes. El director Diego Aramburo organizó una puesta itinerante con estudiantes de teatro infiltrados en distintas « colas» destinadas a trámites bancarios y demas gestiones.

Por su parte, la directora cordobesa Marta Monzón ( residente en Bolivia desde 1989) se ganó el corazón del público con «Nuestro último refugio», un montaje inspirado en el cuento «Aguas» de Humberto Mata y armado dentro de un receptáculo acuático. El resto de la programación ofreció un nivel parejo, con destacables trabajos provenientes de Ecuador («La travesía», sobre un grupo de inmigrantes ecuatorianos tratando de sobrevivir en la Europa del Norte) y de Brasil («Libertese»). Esta curiosa experiencia teatral, a cargo de tres grupos brasileños, partió de una investigación y performance callejera realizada en Brasil, Córdoba y Buenos Aires. Todo ese material fue filmado en video para luego ser exhibido en una de las salas oficiales con la presencia en vivo de algunos integrantes del grupo brasileño y la participación de varios niños y adultos entrevistados.

Una vez más, la participación de gente común en una obra no ficcional tuvo sus adeptos y sus detractores. Al fin y al cabo es este tipo de cosas lo que le da sabor a un buen festival.

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