21 de junio 2009 - 19:46

«Toda la gente sola»

Alejandro Urdapilleta integra el elenco de «Toda la gente sola», la no muy lograda comedia que Santiago Giralt rodó en su Venado Tuerto natal, pero podría ser Ranelagh o Caballito.
Alejandro Urdapilleta integra el elenco de «Toda la gente sola», la no muy lograda comedia que Santiago Giralt rodó en su Venado Tuerto natal, pero podría ser Ranelagh o Caballito.
«Toda la gente sola» (Argentina, 2009, habl. en español). Guión y dir.: S. Giralt. Int.: E. Rivas, L. Berthet, L Castro, M. Villa, A. Urdapilleta, E. Meloni, S. Acosta, V. Gazzola, E. Viñoles.

Lo único sabroso son los chismes de pueblo chico

Santiago Giralt es uno de los nombres principales del grupo que hizo la satírica «UPA, una comedia argentina» y otra obra todavía sin estrenar, «Las hermanas L.», entusiasta comedia erótica sobre dos mujeres harto anhelosas y decididas. Ahora debuta como autor en solitario, y en su natal Venado Tuerto, aunque, vistos los resultados, quizá los locales decidan expulsarlo.

Es que, de toda esa amplia ciudad santafesina, no se ve prácticamente nada. Quizás adhiriendo a peregrinas teorías de algún sedentario, desdeñosas del «paisajismo», le faltan a la película esos buenos planos de esquinas, calles, y negocios habituales, que el espectador agradece y la gente del lugar atesora. Sólo se aprecia, y medianamente, el hotel Lys, donde transcurre parte de la historia y habrá dormido parte del equipo. Con predominio absoluto de planos cortos o asépticos, daba lo mismo si se hubiera filmado en Ranelagh o Caballito. Sabemos que es Venado Tuerto, porque los agradecimientos finales así lo dicen.

La otra razón por la cual decidan expulsarlo, está en los personajes, varios de los cuales murmuran contra Venado Tuerto. Pero ésa es la parte sabrosa. Dos empleadas de lavandería que chusmean en los bolsillos de los clientes, un concejal en amores clandestinos y negocios turbios, la esposa porteña del concejal, aburrida y decidida a darse el gusto con el empleado de un lavadero de autos (aclaremos que el sujeto es fisicoculturista), la dueña del hotel, que quiere lavar su relación con un tipo casado y sus penas con un predicador ambulante, el hijo gordito de la dueña, que les lleva de beber a los pasajeros con la esperanza y el miedo de beber algo él también, y un curita joven que hace sus confesiones en short, al borde de la piscina.

Lavanderías, bebidas, piscinas, la sospecha de humedades diversas dispuestas a aflorar, gente inquieta por la falta de lluvia, gente supersticiosa, malicias a flor de labios, y al final llueve a cántaros, llueve a lo loco, no sabemos si corre el agua bajo los puentes porque no se ve ni uno, pero sí que toda la gente ya no está sola. Al menos por un momento, alguna consiguió compañía.

Eso es todo, y no está del todo logrado (se acusa falta de ritmo y baja tensión en momentos necesarios), pero en este caso se aprecian las malas intenciones, especialmente en la caricatura de personajes, los esquives de vodevil, que para eso tienen pasillos y puertas vecinas los hoteles, unos títulos llevaderos, y el clima general de ciudad chica. Seguramente, el texto escrito era mejor. Pero en la película está Erica Rivas, muy bien predispuesta, y eso compensa un poco.

P.S.

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