15 de diciembre 2006 - 00:00

"Trabajar con Almodóvar fue simple, casi decepcionante"

Darío Grandinetti: «El hecho de que Julio Chávez haya hecho este papel anteriormenteno suma ni quita nada a mi decisión».
Darío Grandinetti: «El hecho de que Julio Chávez haya hecho este papel anteriormente no suma ni quita nada a mi decisión».
Desde que interpretó a Pablo Neruda en la versión teatral de «El cartero» de Antonio Skármeta hace ya 5 años, Darío Grandinetti no volvió a subir a un escenario. «Propuestas no me faltaron», aclara, «pero las pocas que lograron despertar mi interés se superponían con otros compromisos que había tomado». Esos compromisos estuvieron casi siempre relacionados con el cine.

Su agenda lo obliga a viajar a Europa varias veces al año, ya sea para filmar, presentar alguna película o participar de algún festival. Por eso fue una sorpresa que aceptara la propuesta de su amigo y productor, Pablo Kompel (quien ya le produjo un par de películas y casi todos sus trabajos teatrales), de hacer temporada en Mar del Plata encabezando el elenco de «Ella en mi cabeza» en reemplazo de Julio Chávez, y junto a Natalia Lobo y Juan Leyrado.

El debut está previsto para el 28 de diciembre en el Teatro Auditorium. Grandinetti viene de filmar en Italia y mientras aguarda el estreno de la nueva película de Fito Páez, «De quién es el portaligas» y «La peli» de Gustavo Postiglione ensaya esta obra.

Acostumbrado a trabajar con directores muy distintos (entre ellos Alejandro Doria, Eliseo Subiela, Alberto Lecchi y el español Jaime Chavarri) dice que su encuentro con Pedro Almodóvar en «Hable con ella» no tuvo la magia que esperaba: «Trabajar con él fue muy fácil. Pensé que me iba a encontrar con un estilo de trabajo más complicado al que me iba a tener que adaptar. Pero todo resultó tan normal que siempre digo, medio en broma, que la experiencia de filmar con Almodóvar fue un poco decepcionante».

Periodista: ¿Esperaba algo más especial?

Darío Grandinetti: No esperaba nada. El es muy exigente, es verdad, sobre todo consigo mismo, y sin embargo no tuve que hacer ningún esfuerzo para sumarme. El deja hacer el trabajo, no interfiere, salvo que no esté de acuerdo con algo en particular. No es un director que necesite hacer ver que dirige, ni agobia con información. Pero si uno le pregunta puede hablar del personaje desde su vida intrauterina hasta lo que le va a pasar antes de morirse.

P.: ¿Usted está viviendo en España?

D.G.: Muchos creen que vivo en España, pero yo siempre viví acá. En España, no tengo casa ni departamento y nunca pasé más de dos meses trabajando. Lo extraño es que también muchos españoles piensan que vivo allá. Me llaman para hacer teatro y cuando les pregunto: ¿Cuándo tendría que ir? Me dicen: ¿Ir adónde? Y ahí se enteran de que resido en Buenos Aires y, claro, entre los gastos de traslado y demás no da para una producción teatral. Ahora me llamaron del Centro Dramático Nacional para hacer «Mujeres soñaron caballos» de Daniel Veronese. Y tampoco podría hacerla porque me voy a Mar del Plata.

P.: Y aceptó hacer temporada en Mar del Plata y, más aun, para un reemplazo.

D.G.: El hecho de que Julio Chávez haya hecho esto papel anteriormente no suma ni quita nada a mi decisión. Acepté sumarme a este proyecto porque la obra me gustó mucho, fui a verla en dos ocasiones y Julio estaba realmente estupendo. También me parece importante trabajar con buena gente, tener confianza en el productor, y contar con Oscar Martínez en la dirección. Yo siempre tuve muy buenas experiencias cuando fui dirigido por otros actores. Además, conozco a toda la gente del Paseo La Plaza, desde el que enciende y apaga la luz hasta el que conduce la combi que nos va a llevar de gira por la costa.

P.: Casi no se le conocen personajes tan verborrágicos como el de «Ella en mi cabeza».

D.G.: En general los personajes que acostumbro a hacer no hablan tanto. Este, en cambio, es una especie de catarata. Por momentos me recuerda a un espectáculo que hice en Rosario en mis comienzos. Era un entremés de Cervantes, «Los habladores». Después de eso nunca más me enganché con un personaje con tanto blabla. Pero yo creo que este tipo está muerto de amor, porque «Ella en mi cabeza» es una historia de amor, muy neurótica, eso sí, como casi todas las historias de amor. Sé que me voy a divertir mucho haciendo este personaje.

P.: Hace poco representó a Sarmiento en el programa de Felipe Pigna y Mario Pergolini ¿no le dio un poco de miedo?

D.G.: Me empezó a agarrar el miedo después de haber dicho que sí al proyecto. «Yo debo estar loco», pensé, «¿cómo voy a hacer de Sarmiento»?

P.: Sin embargo, usted ya había interpretado a varios próceres y personalidades no sólo argentinos. Por ejemplo, hizo de Fangio en una película de Lecchi.

D.G.: ¡Era más joven e inconsciente! Pero tiene razón, también hice de Neruda y a Gardel. En cuanto a Sarmiento, me ganó el interés de participar en ese programa que acerca nuestra historia a grandes y chicos. Lo demás me parecía manejable. Obviamente si hubiera pensado que iba a ser un papelón y una cocolichada dejaba todo.

P.: ¿Y cree que eludió ambas cosas?

D.G.: Yo no pude ver esa emisión porque estaba en España, pero hablé con mis hijos por teléfono y estaban muy entusiasmados, a ellos les encantó el programa.

Entrevista de Patricia Espinosa

Dejá tu comentario

Te puede interesar