La Academia Nacional de Bellas Artes publicó recientemente el cuarto volumen de la serie «Temas» titulado «Siglo XXI - Las Transformaciones del Arte», que cuenta con el patrocinio de la Generalitat Valenciana. Consuelo Císcar Casabán, su actual Secretaria Autonómica, señala en el prólogo la importancia de «conocer de cerca la plasmación de los procesos que han hecho del arte contemporáneo un nuevo reactivo, una nueva herramienta de integración a escala universal». A su vez, Rosa María Ravera, presidenta de la institución, analiza las colaboraciones de casi veinte importantes críticos extranjeros y argentinos -entre ellos, varios miembros de la academia- a los que se dio amplia libertad de elección lo que permite un paseo por las inquietantes problemáticas del arte actual. Guillermo Roux traza una emotiva semblanza de Virtú Maragno (1928-2004), destacado compositor, fundador de orquestas, director de coros y creador de música para películas. En el ensayo póstumo de este importante músico argentino que integra al libro, Maragno propone que el artista del siglo XXI debe apartarse de la formación rígida y monodireccional ya que la creatividad es sobre todo el cruce y superación de fronteras.
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Hay un imperdible diálogo de altísimo nivel entablado en septiembre de 2000 entre Arman -artista francés nacionalizado estadounidense- miembro fundador con Pierre Restany del grupo «Los Nuevos Realistas» y Umberto Eco sobre la historia de nuestra civilización. Una gran performance, un recorrido de veinte siglos en veinte estaciones donde hay un objeto que los representa: la cruz, el ajedrez, el cero, la brújula, el microscopio, la guillotina, el tren , el auto hasta el agujero negro del siglo XXI.
El arquitecto Ricardo Blanco se ocupa del diseño tomando como inicio la Bauhaus hasta el concepto de consumo, de belleza, la producción masiva, la tecnología, los objetos innecesarios, su democratización, hasta los nuevos paradigmas del siglo XXI como la levedad y la utópica eliminación de ellos. La integración de los objetos al cuerpo, por ejemplo, los celulares, la tecnología al servicio del diseño y éste a los deseos del usuario. La doctora en Ciencias sobre Arte, Lilian Llanes Godoy (La Habana), directora fundadora del Centro Wifredo Lam, profesora de la Universidad de La Habana y creadora de las reputadas Bienales, titula su ensayo «¿Hay Futuro para el Arte?». Prima su preocupación por la frivolidad imperante, la incertidumbre ante los tiempos actuales, la multiplicación de bienales y ferias, éstas últimas causa del sometimiento de muchos artistas a las leyes del mercado quedando reducida su capacidad creativa. No soslaya los efectos de la globalización como sinónimo de poder así como la sucesión de exposiciones en las que todo parece ya visto. Llanes Godoy contesta su pregunta: el futuro del arte, visto como la expresión más alta del ser humano, seguirá existiendo siempre que la humanidad logre sobrevivir.
En «Arte para un nuevo siglo», Jorge López Anaya realiza un importante compendio del «arte último». Exposiciones como «Rito de Paso» (1995), «Sensation» (2000), ambas en Londres, la Bienal de 2001 (la primera del siglo XXI), el arte electrónico, la presencia latinoamericana a partir de algunas megaexposiciones hacia fines de los '80 con un sentido etnocentrista, hecho contrarrestado por el carácter curatorial renovador a partir de los '90, con una mirada desde la periferia. Dedica el final del artículo a artistas argentinos clave que se destacan en este siglo XXI, entre ellos, Jorge Macchi, Gustavo Romano, Silvia Rivas, Dino Bruzzone y Charly Nijensohn. José Jiménez, destacado catedrático de Estética y Teoría de las Artes de la Universidad Autónoma de Madrid, su ciudad natal, también se pregunta sobre la muerte o futuro del arte.
Desde el primer tercio del siglo XIX surge la idea de la muerte del arte, espectro que lo acompañará en su devenir. No obstante Jiménez considera que tiene un futuro ligado al vertiginoso proceso de cambios en el que la tecnología es de vital importancia. Critica la burocratización del arte, la universalización del consumo, las palabras «divertido o espectacular» aplicadas a las propuestas artísticas, la homogeneización y plantea «la reivindicación de la soledad, la búsqueda de la coherencia y la intransigencia ética y estética». Otros lúcidos ensayos a cargo de Pola Súarez Urtubey, Nelly Perazzo, Rosa María Ravera, Liliana Porter, Alejandro Puente, Luis Felipe Noé, Carlos Espartaco, Osvaldo Svanascini y Jorge Taverna Irigoyen contribuyen a esclarecer el complejo entramado de esta suerte de permanente laboratorio que constituye el arte de hoy en todas sus manifestaciones. Academia Nacional de Bellas Artes (224 páginas).
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