25 de noviembre 2008 - 00:00

"Un actor no arruina un film; un guión sí"

Durante elrodaje de«Vicky CristinaBarcelona»,Woody Allenconversa conPenélope Cruzy JavierBardem.
Durante el rodaje de «Vicky Cristina Barcelona», Woody Allen conversa con Penélope Cruz y Javier Bardem.
Chicago (Especial) - Después de su trilogía inglesa, la última película de Woody Allen cambió de escenario: como su título lo indica, «Vicky Cristina Barcelona» fue rodada en un clima mediterráneo más apacible que el de las oscuras nieblas londinenses, aunque tal vez discordante con el espíritu trágico y melancólico que la obra del director de las lejanas «Annie Hall» o «Manhattan» suele tener en sus más recientes títulos.

El film, cuyo lanzamiento en la Argentina fue anunciado para febrero, está protagonizado por Penélope Cruz, Javier Bardem y Scarlett Johansson, entre otros, un elenco (con la excepción de la última) bastante infrecuente en el cine de Allen. Lanzada mundialmente en el último festival de Cannes, «Vicky Cristina Barcelona» continúa estrenándose en diferentes partes del mundo. Coincidente con su reciente presentación en los Estados Unidos, el grupo cultural «The Onion» organizó un reportaje público a su director, cuyas partes salientes le reproducimos aquí al lector.

Periodista: ¿Siempre pensó en Barcelona como escenario para esta película?

Woody Allen: No. También podría haber transcurrido en Roma, Venecia, París o Madrid. El único requisito era que fuese una ciudad de fuerte tradición cultural, ambiente colorido y ambiente cosmopolita, moderno. Hay muchas ciudades así en Europa, aunque Londres, donde rodé mis anteriores tres películas, es más fría y menos acogedora tal vez para esta historia, más allá de que sea una gran ciudad. Barcelona ganó de mano porque me llamaron de allí y me ofrecieron financiación, esa es la razón. También podría haberla hecho en Roma si me llamaban de allí. Sin embargo, tal vez soy injusto, porque creo que no hay dos actores italianos, o dos actores franceses, comparables hoy a Penélope Cruz y Javier Bardem, y sin ellos la película no hubiese tenido el mismo encanto.

P.: ¿Fue fácil encontrar un lugar en la agenda de Penélope Cruz?

W.A. Debo decir que fue ella quien vino a verme cuando se enteró de que íbamos a rodar una película en Barcelona. Me dijo que le encantaría actuar en ella. Yo también quería que así fuera, y no fue complicado acomodar el personaje que yo tenía pensado para la segunda muchacha, la que acompaña a Scarlett Johansson en las vacaciones, a las características de Penélope.

P.: ¿Pero no es eso habitual en usted? ¿No escribe usted un personaje pensando en un actor en particular?

W.A.: Antes sí, ahora ya no. Hace tiempo, cuando yo actuaba en todas mis películas, sabía que iba a hacer una historia para mí y para Diane Keaton, o para mí y Mia Farrow, o para mí o cualquier otra, y todo era mucho más sencillo. En los últimos años eso ya no es así, y la elección del elenco representa otros problemas. Con Scarlett Johansson ya hicimos varias películas juntos, y a veces me tranquiliza saber que ella también a a estar en la siguiente. Pero faltan todos los otros.

P.: Hace tiempo, a usted solían criticarle que abandonara el humor cada vez que quería hacer un film dramático. Eso ya no ocurre más. Su cine ya no se inclina hacia un lado ni el otro. Pero ¿cómo definiría «Vicky Cristina Barcelona»? ¿Una película dramática con toques románticos y también algo de humor?

W.A.: No sé. Yo diría que es una película triste en el fondo. Su apariencia es todo lo contrario: hay una hermosa ciudad, que tiene una música incomparable, bellas mujeres y un hombre buen mozo y seductor como es Javier Bardem. Pero, a medida que se va desarrollando la historia, se va llegando casi a la certeza de que esa relación amorosa, ya no pasional sino simplemente amorosa, está condenada a no perdurar en el tiempo.

P.: ¿Piensa lo mismo de todas las relaciones amorosas?

W.A.: Al menos de la que retrato en el film sí, y hay muchas así en la vida diaria. Hay vínculos de pareja en los que el elemento más excitante es lo efímero, lo volátil. Penélope Cruz le dice en un momento a Bardem: «A tí te gustan mis cambios de humor, mi poca previsibilidad». En efecto, lo que lo atrae al hombre es no sólo la llama de ella, su potencial pasional y sexual, sino también la capacidad de experimentar otras pasiones que son completamente incompatibles con la idea de la perdurabilidad y, mucho menos, la convivencia. De modo que sí, es una película triste, aunque con una gran química entre ambos actores.

P.: ¿Un mal actor puede arruinar una película?

W.A.: Sí, pero muy rara vez. En realidad, lo que suele estropear una película es un mal guión. Yo diría que 95% de los casos, una mala película es el resultado de un mal guión. Estropear un buen libro es algo difícil e infrecuente, tanto como mejorar un mal guión con la actuación o la dirección. Pese a lo que suele creerse, dirigir es mucho más fácil que escribir. Yo puedo repetir varias veces una toma, mejorarla en la sala de edición, hacer que luzca bien de muchas formas distintas. En cambio, un libro mediocre, un diálogo mediocre, es imposible de embellecer.

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