«Tierra de osos» (Brother Bear, EE.UU., 2003, habl. en inglés o dobl. al español). Dir.: A. Blaise & B. Walker. Guión: T. Murphy, L. Cameron, D. Hoselton, S. Bencich, R.J. Friedman; dibujos animados.
L a anécdota de este nuevo dibujo del sello Disney parece sencilla. En un tiempo lejano, un indiecito ansioso causa involuntariamente la muerte de su hermano mayor, y deja huérfano a un osito. Para que madure, los espíritus de la aurora boreal lo convierten en oso, así por un tiempo puede ponerse un poco en el lugar de los demás, sobre todo cuando otro hermano lo confunde con un animal asesino y quiere matarlo.
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Algunos espectadores, en cambio, quisieran matarlo al comienzo, junto a los dibujantes y libretistas, porque estos tipos, más que indios en medio de la naturaleza todavía virgen e inmensa del pasado parecen tres raperitos acelerados y aturdidos del Bronx. Pero eso es sólo el comienzo. Después las cosas mejoran, no mucho pero mejoran, y sólo hay que lamentar las seis inútiles y estrepitosas canciones que, una tras otra, irrumpen a lo largo de la historia, ofreciéndonos a grito pelado su entusiasta celebración new age de la vida, la amistad, y la aceptación del otro. Pero, ya se sabe, junto a los muñequitos, el merchandising de este tipo de películas incluye forzosamente un disco, de modo que hay que aceptar que haya canciones, por así llamarlas.
Mayor interés revisten los costados religiosos, naturalmente animistas, del cuento, y los chistes que conllevan algunas caracterizaciones: dos alces tontos de acento canadiense, dos carneros también tontos, y además tercos, de aire y bigotes mexicanos, una majestuosa águila americana encarnando el tótem del protector hermano mayor... Los alces son bastante divertidos. Y el conjunto, sin ser gran cosa, tampoco es del todo malo, al menos para que los chicos pasen el rato. Además la historia se ambienta en el noroeste de las Montañas Rocosas, vale decir que tiene lindos paisajes. Sobre este punto, los responsables citan como fuentes de inspiración varios parques nacionales de Wyoming y Alaska, y los cuadros del pintor decimonónico Albert Bierstadt (ya antes consultado, con mucha mejor suerte, por los dibujantes de «Bambi»), el paisajista contemporáneo Scott Christensen, y el chinoamericano Xiangyuan Jie, por razones obvias más conocido como Jay Jie.
La voz protagónica en la versión castellana pertenece a Bruno Bichir, el habitual actor del mexicano Arturo Ripstein. P.S.
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