20 de octubre 2005 - 00:00

Un descuido legal dejó a artistas sin sus derechos

Rogelio Polesello, uno de los artistas cuyas obras se publicaron en Gaglianone. Al lado, tapade la edición de «Laberintos», del desaparecido pintor Zdravko Ducmelic, que había costeadosu edición y que ahora su viuda se ve obligada a recomprar.
Rogelio Polesello, uno de los artistas cuyas obras se publicaron en Gaglianone. Al lado, tapa de la edición de «Laberintos», del desaparecido pintor Zdravko Ducmelic, que había costeado su edición y que ahora su viuda se ve obligada a recomprar.
Que la cultura no es una prioridad del gobierno es cosa sabida. Pero que algunos legisladores cedan a terceros, por descuido, los derechos de autor de artistas e intelectuales, parece una broma de mal gusto. Así ocurrió en el caso de la quebrada imprenta y editorial de obras de arte Gaglianone. La historia se remonta a la crisis de fines de 2001, cuando la ocupación de fábricas quebradas o en dificultades se convirtió en desesperado recurso de quienes veían peligrar su trabajo.

Entre los ocupantes no faltó quien especulara con la idea de que, tarde o temprano, el gobierno se haría cargo de las deudas y los convertiría en empresarios de capital ajeno. Este fue el caso de Gaglianone, especializada en libros de lujo y ediciones de arte. La toma de la empresa por la fuerza fue festejada en su momento por cierta parte de la prensa, y hace tres años llegó la «declaración de utilidad pública, sujeta a ocupación temporaria», bendición que otorgó el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

A principios de 2005 se confirmó la situación, cuando la Legislatura de la ciudad sancionó con fuerza de ley la expropiación de numerosos inmuebles e instalaciones, entre ellos la «Cooperativa de Trabajo Chilavert Artes Gráficas Limitada», formada por los siete empleados que tomaron la empresa durante la quiebra.

Pero lo que demuestra una lectura superficial de lo que los legisladores avalan es que la «cesión a título oneroso» del inmueble y todas las instalaciones se completó con la donación de «los bienes intangibles (que incluyen los derechos de autor), marcas, patentes, y bienes muebles».

Gaglianone poseía un gran stock de libros y reproducciones con sus correspondientes matrices para imprimirlos, algunos propios y otros encargados por artistas y escritores, cuyos derechos intelectuales y materiales no pertenecían a la empresa. Así, desde su debut en el mercado, la Cooperativa fue cuestionada por la venta indiscriminada de los bienes que se encontraron en el inmueble.

En diálogo con este diario, el anterior propietario de la imprenta, Horacio Gaglianone, explicó: «Las ediciones de los libros de Pérez Célis, Rómulo Macció y Romualdo Bruguetti, entre otros, se hicieron con el acuerdo de los autores, y los elementos utilizados quedaban en el archivo de la fábrica. Pero en el caso fortuito de hacer otra edición, es imprescindible contar con la autorización del autor».

El caso es que cuando los bienes que estaban en custodia comenzaron a circular por el mercado, la reacción de los damnificados (de aquellos que se enteraron, que no son todos), no se hizo esperar, pero todavía siguen envueltos en una maraña judicial sin solución. Ocurre que los tratos y contratos de Gaglianone eran de palabra, mala costumbre habitual en este ambiente.

En el expediente de la quiebra, Gaglianone ya había confirmado esta circunstancia, al declarar:
«Los libros que están en depósito y algunos distribuidos en librerías son propiedad de los artistas». En esa instancia aseguró que era un mero depositario, porque los autores, que habían pagado las ediciones, no tenían lugar físico para guardar estos bienes.

Consultado sobre la cesión legal de bienes «intangibles», el abogado
Norberto Frigerio sostuvo: «La intangibilidad de los derechos intelectuales no debería ser tal frente a la justicia, y mucho menos cuando quienes los comercian ejercen derechos viciados de nulidad absoluta. Los derechos pertenecen al autor o sus herederos, hasta que se cumplen 70 años de su muerte, cuando ingresan al dominio público».

Otro dato lo aportó Gaglianone, al contar que él pagaba los derechos de autor al Fondo Nacional de las Artes, ente recaudador de lo que ingresa dominio público, ya sea de argentinos como extranjeros. El listado de la Cooperativa incluye a Van Gogh, Modigliani, Monet y hasta Charles Baudelaire, entre otros. ¿Recauda el Fondo estos derechos en la actualidad? María Elena Obensa, a cargo del departamento de dominio público, corrobora los pagos de Gaglianone y añade que no tiene ninguna constancia de pago de la Cooperativa, pues, si estuvieran imprimiendo, el Fondo debe intimarlos para que paguen.

Un caso testigo es el de
Marta Ducmelic, viuda del pintor Zdravko Ducmelic, autor del libro «Laberintos» inspirado en tres cuentos de Jorge Luis Borges. Ducmelic pagó a Gaglianone la primera edición con tres obras y 5.000 dólares, y Borges cedió sus derechos. Se hicieron dos ediciones, pero el remanente quedó en la imprenta y en la actualidad, según denuncia Marta Ducmelic, «se están vendiendo, a pesar de haberse registrado los derechos de autor desde 1977, y no constar en el Ministerio de Justicia que existan derechos contractuales sobre esta obra. En inventarios sucesivos figuran 128 libros, pero el problema mayor es que poseen los fotocromos (elemento que posibilita futuras ediciones), aunque ellos lo niegan».

Luego de una pintoresca excusión a la Cooperativa de Chilavert, Ducmelic, relata: «Hay láminas y serigrafías de edición controlada por el autor que son de factura reciente, y las ofrecen a la venta por Internet, dato que se puede corroborar en el sitio http://omararte.tripod. com.ar/gaglia-01.htm. Hay estantes llenos de fotocromos, las serigrafías de Ducmelic tienen el color alterado y algunas están impresas sobre tela, cuestión que mi marido evitaba pues se presta a la falsificación».

En Internet figuran obras de los argentinos Gyula Kósice, Josefina Robirosa, Rogelio Polesello, Emilio Pettoruti, Pablo Suárez, Jorge Romero Brest, entre otros, que según la viuda del artista «no están en los inventarios, que sólo registran las reproducciones antiguas». Y agrega: «Al sancionar la expropiación, la Legislatura no tuvo en cuenta un expediente que ya alcanza 13 cuerpos, y donó lo que no le pertenece. Fueron desconocidos y violados los derechos de propiedad intelectual de 74 escritores y artistas y los derechos de aquellos que tenían bienes en depósito». La viuda compra hoy los «Laberintos» de su esposo en las librerías.

Los nuevos dueños de la Cooperativa acaban de ofrecer al Museo de Bellas Artes su valiosa «mercadería», con «intangibles» incluidos. Ellos bien pueden considerarse dueños del paquete completo, con «intangibles» y todo, si así se los donó la legislatura porteña.

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