9 de octubre 2018 - 00:00

Un diálogo de vanguardiasen una exposición inusual

La muestra, que se inicia con arte de 1944, estará abierta por pocos días y clausura el domingo.

Vanguardias. Obras de Kenneth Kemble y del alemán Gerhard Richter, en una de las salas. La exposición comprende 500 obras de 100 artistas diferentes de 36 colecciones privadas y públicas.
Vanguardias. Obras de Kenneth Kemble y del alemán Gerhard Richter, en una de las salas. La exposición comprende 500 obras de 100 artistas diferentes de 36 colecciones privadas y públicas.
El pasado jueves la directora del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (MAMBA), Victoria Noorthoorn, realizó una visita guiada en una exposición singular para el arte de toda América Latina, "Historia de dos mundos: Arte experimental latinoamericano en diálogo con la colección del MMK, 1944-1989". (El MMK es el Museum für Moderne Kunst, o Museo de Arte Moderno de Fráncfort). El despliegue de más de 500 obras de 100 artistas y 36 colecciones públicas y privadas abre, a través de obras cumbre, un intenso diálogo entre el arte de nuestra región y el del Norte (EE.UU. y Europa).

Por primera vez una institución europea ofrece su colección a un curador latinoamericano. El Museo de Arte Moderno de Fráncfort invitó a Victoria Noorthoorn y a Javier Villa del MAMBA a trabajar juntamente con el alemán Klaus Görner del MMK. Tres años llevó diseñar la muestra que se inauguró en noviembre de 2017 en Alemania. El MAMBA se aprestaba entonces para reinaugurar sus flamantes 11.000 metros cuadrados y albergar la megaexposición. Hoy, los 16 capítulos de esta historia muestran el arte de ambos mundos que se torna distante o se asemeja bajo la influencia de cuestiones sociales, políticas y económicas. La Segunda Guerra Mundial, la de Vietnam, la guerra fría y el avance de las dictaduras determinaron diferencias o afinidades.

La muestra comienza en 1944, cuando los aires renovadores de la vanguardia conmueven a la conservadora Buenos Aires. Allí está "Röyi", la primera escultura articulada de Kosice, junto a las pinturas con el marco recortado de los rioplatenses y, entre otros artistas de distintos movimientos, los neoconcretos brasileños, el estadounidense Morris Louis y el alemán Blinky Palermo. El argentino Lucio Fontana, radicado en Italia, regresa en esos años al país y desarrolla el Espacialismo. La excelencia de las obras resulta sorprendente. Acercar la pincelada de Kenneth Kemble a la de Gerhard Richter y Roy Lischenstein implica poner a los tres artistas en un mismo plano. Y tan sólo con una lúcida y desprejuiciada mirada curatorial, la muestra cambia el estatus del arte latinoamericano.

Frente a un barco profusamente bordado de Arthur Bispo de Rosario, Noorthoorn lee una frase. "Todo es para mí ensamblaje", dice Bispo, un interno del hospital psiquiátrico Juqueri donde se comenzó a estudiar el arte de los locos. Bispo realizó su obra en un delirio místico, como si fuera un mandato del cielo. Recién luego de su muerte sus objetos fueron resignificados y en 1995 llegaron a la Bienal de Venecia. Noorthoon establece una relación entre los carteles donde Bispo nombra las cosas y la obsesión por registrar la propia vida de On Kawara y Edgardo Vigo que están en el primer piso. Los engranajes de la muestra funcionan a la perfección. A pocos pasos de allí causa asombro la afinidad formal y el parentesco de Alighiero Boetti, Juan Downey y Alejandro Puente.

En el capítulo "Chamanes de la materia" están las fotos de Joseph Beuys y García Uriburu, imágenes que documentan la acción de dos artistas de estos mundos distantes mientras trabajaban juntos. García Uriburu coloreó las aguas del Rhin en Düsseldorf acompañado por el enigmático alemán, que cambiaría para siempre el concepto de "obra de arte". Beuys invitó a García Uriburu a plantar los primeros árboles de los 7.000 robles que dispuso en la Documenta de Kassel de 1982. La instalación de Beuys, "Rayo con fulgor sobre un ciervo" (1958-1985), se exhibe de modo permanente en el MMK y aquí figuran las fotografías de Hildegard Weber.

"Vida-Muerte-Resurrección", de Víctor Grippo consiste en unos cubos, cilindros, conos, realizados con láminas de plomo y montados en una vitrina. Grippo los rellenó con porotos negros y los cubrió con agua. Los porotos al germinar ejercen presión en las paredes hasta reventarlas y los porotos se desparraman. Grippo decía: "Tener una vida artística supone tener una cosmovisión". Consideraba que su misión era "desarrollar el humanismo para que el hombre se convierta en catalizador positivo, transformador de la conciencia y ser constructivo". La instalación "Algunos oficios" (1976), también de Grippo, "habla de algo sencillamente básico para el hombre", aclara Noorthoorn.

Entre las extrañas películas de Ana Mendieta, como la que desnuda y llena de plumas, convertida en pájaro se deja arrastrar por las olas, hay algunas que prenuncian su muerte temprana. Los artistas Marta Minujín, Bruce Nauman, Richard Serra cierran este capítulo. Hay un piso con obras realizadas en el contexto feroz de las dictaduras. Allí figura la sala dedicada a la plata y el oro de América, donde se confunden la alquimia y la poesía. El espectador no sólo disfruta del encuentro con las obras excepcionales de León Ferrari, Warhol, Oiticica, Walter de María y Frances Bacon; también celebra la presencia de nuestros casi olvidados artistas Leopoldo Maler, Enrique Balrilari, Emilio Renart, Ricardo Carreira, entre otros. Clausura el domingo.

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