Tras la excepción del buen documental “Exilio en África”, Ernesto Aguilar retoma su lugar y su fama como firme trabajador del cine bizarro. El hombre ya está llegando a los 40 títulos en 20 años, si es que todavía no los pasó. A cierta altura, la cuenta se hace algo difícil. Más difícil todavía, reconozcámoslo, es ver algunas películas suyas. Esta, que reelabora y actualiza un viejo asunto, es bastante atendible, tiene una intriga mantenida y suficientes vueltas como para que el espectador nunca esté seguro de lo que puede pasar.
Un secreto que no termina de develarse
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Una parejita de chicas se instala en la apartada casa de campo de quien fuera el padre de una de ellas. Hay malos recuerdos en el ambiente, y una opción de venta que se demora. También hay un vecino que mejor no tenerlo. El vecino tiene una hija medio absorta, que no se sabe si es su cómplice o su víctima. ¿Con qué nos puede salir el autor? ¿Esta será una de terror, un policial, un estudio de la histeria femenina, una denuncia de abuso sexual, una de mujeres empoderadas, o casi todo eso junto? De pronto, cuando el espectador ya no espera definiciones ni nuevas sorpresas, parece que alguien toma Vivarachol, toma una pistola, y pum para arriba (o no exactamente para arriba) en un final incoherente con todo lo anterior pero más entretenido. En resumen, un Aguilar en estado puro. Para tener en cuenta, Daryna Butryk, nativa de Ucrania, como la novia de Julia.
P.S.
“El secreto de Julia” (Argentina, 2019). Dir.: E. Aguilar. Int.: V. Naón, P. De Nito.




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