6 de noviembre 2002 - 00:00

Un Tabucchi que termina aburriendo

Antonio Tabucchi «Se está haciendo cada vez más tarde» (Barcelona, Anagrama, 2002, 263 págs.)

Aunque fue definida por su autor como una novela epistolar, «Se está haciendo cada vez más tarde» está lejos de reproducir el mágico exorcismo de las cartas, ese espacio en el que se conjura la soledad mediante la invocación de una figura ausente. Se escriben cartas por muchas razones, pero los textos aquí reunidos por Antonio Tabucchi -en su mayoría destinados a mujeres sin nombre-resultan demasiado erráticos por su confusa mezcla de referencias culturales, estampas de viaje y opacas reflexiones acerca del amor, la vejez, la soledad y el paso del tiempo. A excepción de algunos breves pasajes en los que el autor se ocupa de definir mínimamente a sus personajes y de delinear alguna experiencia de vida más o menos precisa (la esposa suicida de «Buenas noticias de casa», el affaire con la jovencita de «Ojos míos claros, mis cabellos de miel») el resto de los relatos divagan sin orden ni concierto de un tema a otro y de una ciudad a otra, o colocan al narrador en un lugar tan fantasmal e inconsistente como el de sus destinatarias. Cuesta reconocer en estas páginas al autor de «Sostiene Pereira» o de «Nocturno hindú», una subyugante novela de viaje en perfecta consonancia con el mundo interno de su narrador. Aquí, en cambio, resulta difícil seguir el hilo narrativo de sus divagaciones, y en más de una ocasión ni siquiera se comprende de qué está hablando. A diferencia de su compatriota Claudio Magris, maestro en el arte de conciliar la ficción literaria con el apunte sociológico, las experiencias de viaje y el discurrir sobre la condición humana, Tabucchi se muestra aquí como un escritor desganado y confuso. Allí donde Magris aporta lirismo y verdad, Tabucchi suena impostado, poco creíble, frívolamente erudito y, lo peor de todo, aburrido.

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