Tom Hanks, en el papel que hizo Alec Guinness, junto a la nueva propietaria de la casa, la sureña Irma P. May.
Cannes - Habituales de Cannes, donde en 1991 se llevaron la Palma de Oro y el premio al mejor director con «Barton Fink», ganado posteriormente dos premios a la mejor dirección por «Fargo» y «El hombre que nunca estuvo», Joel (director y guionista) y Ethan Coen (guionista y productor) no esperaban nada del certamen que los descubrió. Pero le fueron fieles y tal vez hayan pensado que Tom Hanks podría haber sido premiado como mejor actor. Hanks retoma, en el nuevo film de los Coen, el personaje de Alec Guinness en «El quinteto de la muerte», obra maestra de Alexander Mackendrick, de la que ahora se ve su «remake».
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Basándose en la vieja premisa de que las apariencias engañan y los imbéciles pueden resultar altamente sofisticados, la legendaria factoría inglesa Ealing produjo en 1955 esta comedia que se convirtió en un clásico del humor negro británico. Fue una de las obras maestras de Mackendrick, un director que en realidad era de origen norteamericano, y cineasta de culto gracias a títulos como «La mentira maldita», cruda visión de la prensa y la publicidad que interpretaron Burt Lancaster y Tony Curtis.
Casi medio siglo más tarde, los Coen, por cuyas películas, fueran thrillers o comedias, han desfilado algunos de los más ilustres idiotas del cine contemporáneo -de «Sangre fácil» a «El hombre...», pasando por «Barton Fink» o «Fargo»- filmaron un «remake» de aquel precioso guión escrito por William Rose.
• Ambientación
Los Coen trasladan la acción a una imaginaria ciudad provinciana del Sur estadounidense. La ancianita se transforma aquí en una viuda afroamericana (Irma P. May), en tanto que Hanks lleva a su terreno el papel de falso profesor y recitador de poemas, líder de unos músicos no menos falsos. En el subterráneo de la casa de la viuda, horadan la pared que da al casino del lugar con la intención de desvalijarlo. Joel y Ethan Coen actualizan «El quinteto de la muerte», pero la acción tiene lugar en un escenario a la vez moderno e intemporal. Nadie usa móvil y la anciana es una ferviente seguidora de la Iglesia baptista, que en el salón de su casa mantiene monólogos con el retrato del marido muerto. Un retrato cambiante, pues el difunto pintado suele variar de expresión. Chiste privado, la imagen corresponde al músico Carter Burwell, autor de la banda sonora.
Los hermanos Coen se arriesgan cada vez menos, aunque preservan su talento cuando filman irónicas combinaciones de comedia y thriller. En efecto, ni siquiera ésta es una idea propia: no eran los Coen sino Barry Sonnenfeld («Los locos Adams»), quien debía dirigir este remake, quien se quedó finalmente con las funciones de productor asociado.
Si «El quintento de la muerte» era una memorable función de humor negro, la nueva versión es una comedia negra, en todos los sentidos de la expresión. Porque los crímenes se suceden a ritmo de gospel -con banda sonora acorde-, y porque la acción está ambientada en Alabama. La tipología del film de Mackendrick en aras del mestizaje. Aquí cohabitan un noble bruto y jugador de rugby, un asiático al que llaman «el general», un joven afroamericano muy hip-hop y un experto en explosivos acuciado por perentorias y frecuentes urgencias intestinales.
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