«Mar
vertical», una
de las obras
que exhibe
Fabrizio
Plessi en el
Instituto
Valenciano de
Arte Moderno,
siempre sobre
el tema del
agua y las
múltiples
posibilidades
mecánicas y
electrónicas
de
reproducirla.
Valencia - El símbolo de agua como fuente de vida es un elemento emblemático de todo renacer, ya en el relato mitológico de la antigua divinidad griega Afrodita (la Venus romana) nacida de la espuma del mar.
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El valor simbólico del agua ha estado presente en el imaginario de poetas y artistas de todos los tiempos. Uno de los ejemplos destacados en el arte contemporáneo es el de Fabrizio Plessi (1940), que está exponiendo sus obras de entre 1970 y 2005, en el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM).
Plessi, reconocido videoartista italiano, estudió en la Academia de Bellas Artes de Venecia, ciudad donde reside y que ha marcado su obra. Desde fines de los '70 manifiesta su obsesión por el agua en sus videos, performances e instalaciones. «Para quien, como él, ha vivido largo tiempo en Venecia, el agua constituye un elemento de la realidad. Ve el agua como un continuo escenario en el que todo cuanto aparece se encuentra relacionado con un proceso de teatralidad: sus videoesculturas no son sino su modo y su medio de escenificarla», sostiene Jaime Siles.
A lo largo del siglo XX, el arte traspone límites y géneros recurriendo al uso de técnicas y materiales vinculados con otras vías de comunicación, como la publicidad, y otros ámbitos sociales, como la industria y el comercio; la cita del mundo de las imágenes electrónicas, del tubo de rayos catódicos y las computadoras; la continua referencia satírica a las modalidades y emblemas del consumo de masas; y por último, un sutil espíritu lúdico, que suele cubrir con su manto amargas reflexiones acerca de la actualidad.
En las últimas décadas, el desplazamiento incesante hacia nuevas formas sustenta la idea de la volatilidad de los estilos, del cambio incesante de paradigmas, de la fugacidad de las realizaciones estéticas, lo que no supone tomar distancia del presupuesto básico del artista como intérprete de su tiempo.
En este ambiente se forma Plessi haciendo uso de las nuevas tecnologías. «Sus montajes o escenarios audiovisuales se caracterizan por combinar la fascinación por la materialidad, procedente de la tradición italiana del arte povera, con el video, los medios experimentales y las instalaciones. Por ejemplo, «Las cariátides de los pobres», una de las más representativas», escribió Consuelo Císcar, directora del IVAM.
Plessi reconoce su deuda con el arte povera (arte pobre), término acuñado hacia 1967, por Germano Celant, crítico italiano que fuera curador de Arte Contemporáneo del Museo Guggenheim y editor de de las revistas « Artforum» e «Interview», de Nueva York, conocido internacionalmente por su teorización del arte povera. El concepto describe el trabajo de una joven generación de artistas, entre ellos Mario Merz y Jannis Kounellis, que utilizaban materiales simples y pobres -metales, vidrio, piedra, incluso animales vivos - para invertir el modo tradicional del high arte (arte culto). Los artistas construyeron un nuevo lenguaje, vinculando naturaleza y cultura por medio de la yuxtaposición de materiales industriales (tubos de neón, vidrios, ropa) con elementos naturales (legumbres, tierra, agua, animales vivos). Utilizaron libremente las diferentes técnicas y formas, y exploraron las posibilidades de las instalaciones, la fotografía, el video.
La singularidad de Plessi es que en sus obras la tecnología se convierte en el soporte mismo de la materia. En 1968 realiza su primer obra en la que coexisten los elementos naturales y artificiales: «TV ad Acqua» (TV de agua), un monitor del que sale un chorro de 1.200 litros de agua por minuto. En el acrílico sobre tela, «Buco nellácqua» ( Agujero en el agua) de 1972, incluye una balsa con agua.
En 1980 participa en el Festival de Cine de Venecia con «Liquid Movie», y desde entonces desarrolla múltiples variaciones sobre las posibilidades mecánicas y electrónicas de reproducir el elemento del agua. En su instalación «Ice» (1982), el agua aparece en su estado sólido. «Bronx» (1985) presenta el agua electrónicamente en un monitor encendido. En «Videoland» (1987) se propone un arte total y conjuga distintos sentidos.
«La propuesta creativa de Plessi -según Marco Tonelli- neutraliza los miedos que la era de la realidad electrónica y virtual arrastra inevitablemente tras de sí. Los neutraliza haciéndolos parecer un acoplamiento espontáneo sobre formas naturales».
Sostiene que el agua es el elemento ancestral y originario, mientras que el video se vincula con la vida agitada de hoy. «Desde hace muchos años pienso que estos dos elementos, sólo distintos aparentemente, se encuentran en ósmosis, o mejor aún, viven una vida secreta cargada de complicidades ocultas», señala el artista. En los años '90 introduce la ironía en obras como «Cristales líquidos», que se presentó en el Café Florian de la Plaza San Marcos, en Venecia.
En sus trabajos siempre se ha destacado el contraste entre sus instalaciones y el espacio en el que las presenta, en el ámbito de arquitecturas clásicas o iglesias barrocas, que promueven fuertes contraposiciones. En la serie «Armario negro, Armario rojo y Armario blanco», Plessi concibe los armarios como contenedores, símbolos de la memoria que permite construir la identidad.
A su obra corresponde la pregunta que hiciera Gastón Bachelard: «¿Podríamos tener una imagen de la profundidad plena sin haber meditado antes al borde de un agua profunda? El pasado de nuestra alma es un agua profunda».
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