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Esta antología que cubre 20 años con obras pertenecientes en su mayoría a su colección particular, seleccionadas por la artista, incluye varias de las que han participado en las Bienales de La Habana y París (1985), Venecia (1997) y Mercosur (1999), y por consiguiente no vistas en la Argentina. Antes de ingresar a la sala recomendamos leer un diario personal fechado en Marzo-Abril 2002 en el que la artista confiesa su necesidad de detenerse, de haber estado en un callejón sin salida, de que todo estaba muerto antes de empezar. Y comenzó a escribir, a volcar sus pensamientos íntimos como lo hace con su pintura, lo que nos prepara para introducirnos en ese armado y desarmado de imágenes que constituyen su estética.
Siempre al borde del precipicio, imágenes fugaces, a partir de garabatos, inscripciones que se cuelan por todos lados, diestros dibujos que conforman la base del soporte, para leer minuciosamente, convirtiendo al observador en voyeurs de su intimidad, que revela sus obsesiones y horror al vacío. La muestra se inicia con
Solamente algunos grafismos en materia espesa blanca, abiertos, gestos que se despliegan sobre un fondo blanco despojado.
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