Avanzando por el derrotero que habían abierto los informalistas, la neofiguración de los años '60 derribó los últimos prejuicios acerca de la belle peinture, el cuidado de los detalles, la unidad de la obra, la alienación creadora, con telas violentas y espontáneas pero de notable factura, ensimismadas de angustia por la fragilidad humana y teñidas, al mismo tiempo, de humor y sarcasmo.
Estos creadores establecieron sólidas diferencias con categorías similares del pasado. Quebraban los límites entre abstracción y figuración, ya que la figura real era tratada con la misma libertad que una forma abstracta. Además incorporaban técnicas y tendencias recientes en un verdadero concierto de elementos discontinuos. No se exagera al decir que los artistas pop y luego los incluidos en la nueva imagen -en la Argentina y no sólo aquí- arrancaron de aquella revaloración de la imagen, aunque asumiendo un enfoque distinto.
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