15 de mayo 2001 - 00:00

Valiosas estampas de la vieja Buenos Aires

En el Museo Nacional de Bellas Artes se inaugura el viernes 18 de mayo una muestra de obras de Juan León Pallière, Carlos Enrique Pellegrini y Carlos Morel, cuyas colecciones litográficas son características de la producción artística iconográfica del siglo XIX.

De origen francés, Pallière (1823-1887) nació en Rio de Janeiro, pero en 1830 se trasladó con su padre a París, donde inició su formación artística. Durante su estadía en Buenos Aires, desde fines de 1855, realizó una obra considerable y una de las más interesantes de los artistas europeos que recorrieron América del Sur durante el siglo XIX.

Pallière documentó en dibujos y pinturas tipos y costumbres del país. En 1858, la revista «The Illustrated London News» publicó dos de sus dibujos, y posteriormente «L'Illustration», de París, así como otras revistas europeas difundieron sus dibujos. Además, Pallière intervino como arquitecto en obras públicas. Realizó, por pedido de Domingo F. Sarmiento, un boceto para la Escuela de la Catedral al Norte -ejecutada por el arquitecto Enrique Barabino-, y proyectó un mausoleo para Rivadavia, cuando se repatriaron sus restos.

En 1864, inició la divulgación de su «Album de escenas americanas» -algunas de cuyas obras se exhibirán en Bellas Artes-y al año siguiente realizó figuras alegóricas para el Coliseo de Buenos Aires, con cuya decoración finalizó su actividad en la Argentina, antes de partir definitivamente para Francia en 1866.

También Pellegrini (1800-1875) ha dejado su testimonio de la ciudad, empezando por la Plaza de la Victoria -el sector oeste de la hoy Plaza de Mayo, con límite en la Recova vieja, que seguía la línea de la calle Reconquista-, y continuando por las iglesias, el Fuerte, el Riachuelo, el Retiro, sin olvidar la vecina campaña con sus faenas y bailes rurales. Su obra ha sido estimada en unos 800 retratos y un centenar de estampas urbanas campestres. En todos los casos, se trata de documentos invalorables para una época: los peinetones, las cinturas estrechas, los grandes escotes y los collares de las mujeres; las levitas, los chalecos y las golillas de los señores; los alamares, las charreteras y las casacas de los militares. Pero, sobre todo, la vida de cada rostro, la precisión y la belleza de sus paisajes urbanos, con sus detalles arquitectónicos y la presencia de su gente, todavía en movimiento.

Los Pellegrini eran italianos de Suiza, oriundos del Cantón de Tesino (la Suiza italiana). El padre de Charles-Henri, sin embargo, se aposentó en Chambéry, capital del Ducado de Saboya, que formaba entonces, con el Piamonte, el Reino de los Estados Sardos. Diplomado de ingeniero en puentes y caminos en 1825, dos años más tarde fue contratado por Juan Larrea, agente diplomático en París del gobierno del presidente Bernardino Rivadavia.

Se afincó en Buenos Aires en noviembre de 1828. Ya no estaba
Rivadavia en la presidencia, y el gobernador de la provincia era derrocado y fusilado poco después. En el verano de 1829, Charles-Henri obtuvo la rescisión de su contrato y, desde entonces se dedicó al arte. En 1830 instaló su taller como retratista. Sus lápices y sus pinceles trabajaban sin cesar: las grandes damas de Buenos Aires, los jefes militares y los clérigos, los escritores y los jóvenes dandys, desfilaban ante Pellegrini sin cesar, y él también desfilaba, sin cesar, por los salones donde se hacía música, se leía poesía y se bailaba.

Hacia 1837,
Pellegrini se trasladó a una estancia de Cañuelas. Pero, caído Rosas, volvió en 1853 a Buenos Aires, donde se desempeñó como funcionario público en los dominios de la ingeniería y la arquitectura. Decenas de proyectos salieron de su mano. A él se debe el primer Teatro Colón, de Rivadavia y Reconquista (hoy, el Banco de la Nación Argentina), inaugurado en 1857.

Su álbum
«Recuerdos del Río de la Plata» llevó al estrellato su fama de litógrafo en 1841, en tanto la «Revista del Plata» (23 números en 1853-55 y 1860-61), que fundó y dirigió, lo mostró como un erudito animador de la cultura. Uno de sus cinco hijos, Carlos, fue uno de los políticos y economistas más importantes de la Argentina, cuyo destino presidió en los duros tiempos de 1890-1892.

La obra de
Morel (1813-1894), fundador y protagonista de la pintura del segundo tercio del siglo XIX, en el Río de la Plata, ha perdurado por sus escenas urbanas, campestres y sus episodios militares. Morel es el primer artista argentino en tratar estos temas, en los cuales -especialmente las estampas bélicasasoma su espíritu romántico. Aunque también se ha destacado en la pintura del paisaje natural, como en La calle Larga de Barracas (actual avenida Montes de Oca).

En 1831, egresó de la Escuela de Dibujo de la Universidad de Buenos Aires, donde estudió entre 1827 y 1830, bajo la dirección del artista suizo
Joseph Guth y posteriormente, del italiano Paolo Caccianiga. Sus dibujos se difundieron gracias a la litografía, técnica empleada especialmente para estampas costumbristas.

Entre 1842 y 1844,
Morel residió en Rio de Janeiro, donde tomó contacto con los artistas franceses que formaron la Academia Imperial de Bellas Artes. Pero sus formas, conjugadas en una composición dinámica, la soltura de su pincelada y el acento puesto en el color, marcan su vínculo con el romanticismo. De Morel se exhibirán obras de sus series «Trajes y costumbres de la provincia de Buenos Aires» (1839) y «Usos y costumbres del Río de la Plata» (1844).

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