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Surgen así los juegos, los ídolos de fútbol, los sueños de llegar a astronauta pese a ser miope y argentino, la casa de la abuela (al fin una casa vieja despintada, y no reciclada, en el cine argentino), el vecino músico, de gustos medio sospechosos para la vieja, el cura progre (única escena fuera de tono), el padre casi ausente y golpeador, la búsqueda de una madre sustituta, preferiblemente joven, linda y simpática, la aflicción por conseguirle un médico a la abuela, que se le muere, los esfuerzos, finalmente satisfechos, por hacerse una familia. Todo eso, lo cuenta el chico con un buen humor no exento de tristezas, que en todo caso son tristezas ocasionales, llevaderas.
El tiempo, los sueños, la vida por delante, siempre ayudan. Como ayudan, para el disfrute de esta muy buena película, algunos detalles de época que despiertan gratos recuerdos (sin ser una estricta reconstrucción), el aporte de un buen elenco, encabezado por Alguien criticó
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