13 de junio 2005 - 00:00

Venecia 2005: Bienal que deja poco lugar al riesgo

Las españolasMaría de Corraly RosaMartínez, quecomparten ladirecciónartística deesta edición dela Bienal deVenecia.
Las españolas María de Corral y Rosa Martínez, que comparten la dirección artística de esta edición de la Bienal de Venecia.
Venecia - Por un lado está el atractivo de la ciudad; por otro, el de ese despertador que es el arte de la contemporaneidad, cuyas repercusiones cobran especial fuerza en esta inmensa caja de resonancia que es la Bienal de Venecia. Pero, si por un lado, Venecia es una cita con el arte de todos los tiempos, desde el esplendor gótico y bizantino hasta el que conmueve porque toca el nervio sensible de la actualidad, por otro, hay que sumarle el cada día más complejo sistema que sustenta y rodea el arte, y que cada vez más reclama protagonismo.

La Bienal, que ayer abrió sus puertas al público, cumple 110 años con esta edición y le otorgó el León de Oro a la francesa Annette Messager, por su instalación «Casino», presentada en el pabellón de Francia. El premio implica un reconocimiento a la belleza y el espíritu poético, pues la obra se aleja del arte de género con que la artista ganó fama, y conjuga más bien con el de toda la historia veneciana. Inspirada en el cuento Pinocho, Messager exhibe en una suave penumbra, una marea de seda roja mecida por el viento que llega hasta los pies de los hipnotizados espectadores. La obra habla del «deseo de Pinocho de ser amado», de la mentira, las mascaras y «este casino que es la Bienal, donde los artistas se juegan la vida», según declaro Messager.

El León de Oro a los jóvenes lo ganó la guatemalteca Regina Jose Galindo, esta vez sí, con una obra de género: el video de una performance, que habla de la rebelión feminista (la artista se desnuda, rasura todo su cuerpo y luego camina por las calles de Guatemala). El premio a un artista de la exposición internacional, fue otorgado al alemán Thomas Schutte, por una muestra de esculturas y dibujos criticada por sus cualidades museísticas, que difieren del carácter experimental que se espera encontrar en una Bienal.

Es que además de las consabidas intrigas, las críticas abundan en esta edición, y una de las que se oyen con mayor volumen, es la escasa presencia de artistas italianos. Situación que parecio exacerbar los ánimos del ministro de Cultura de Italia, Rocco Buttiglione, quien en la conferencia de prensa dijo textualmente: «Necesitamos un curador italiano que comprenda el arte italiano». Además, les dio una reprimenda inusitada a las curadoras de la Bienal -por primera vez en su historia dos personas, en este caso dos mujeres-, las españolas María de Corral y Rosa Martínez, que comparten la dirección artística, por haber seleccionado «un arte de la negación y el escándalo».

Desde fines de del siglo XIX, cuando Venecia inauguró su Bienal con el formato de las grandes exhibiciones industriales, se convirtió en el referente más importante del arte y, hasta hoy, pasado más de un siglo, continúa marcando el rumbo de las tendencias. Ahora, las dos mujeres -que reemplazan un solo hombre-, fueron convocadas hace apenas cinco meses y trabajaron contra el reloj para presentar dos exposiciones autónomas. (Se dice que antes le habían propuesto el cargo a Robert Hughes, y que no pudieron. o no quisieron. pagar el millón de dólares que pidió de honorarios, o que la salud quebrada del crítico australiano le impidió hacerse cargo del trabajo).

Sin embargo, y por si hace falta dejar algo en claro, el curador de la Bienal 2007 ya está nombrado, es un solo hombre que ya está en acción: se trata del estadounidense Robert Storr, que ya organizó un simposio internacional sobre arte contemporáneo para diciembre de este año.

Antes de la inauguración, las curadoras ya habían anunciado que este año no se iban a ver «novedades» (que sin embargo se ven), pues más que correr algún riesgo, es evidente que optaron por invitar artistas ya consagrados, cuyos nombres están consensuados por la crítica y se reiteran en las bienales que hoy abundan en el mundo. Lo cierto es que se podríaconsiderar que es una Bienalde «transición», donde escasea el espíritu provocativo y espectacular que en las ediciones de 1999 y 2003 supo imprimirle a Venecia el talentoso curador
Harald Szeeman, que murió hace apenas unos meses.

Pisando sobre terreno seguro,
De Corral presenta en las 34 salas del pabellón italiano ubicado en los Giardini, «La experiencia del arte», que incluye obras de 42 artistas creadas desde los años 1970 hasta hoy. En esta muestra figuran dos argentinos, Leandro Erlich, con su obra «La ventana», y Jorge Macchi con «Still Song». Cada cual con su estilo, controlado y borgeano el de Erlich, y desesperado e intenso el de Macchi, presentan dos instalaciones de excelente nivel. Se debe tener en cuenta que al igual que los cubanos Carlos Garaicoa y Tania Bruguera, o el brasileño Cildo Meireles, ambos dominan el medio con su amplia y probada trayectoria en las bienales que hoy se han multiplicado por el mundo.

Erlich
ya había participado en Venecia con «La pileta», que en 2001 formo parte del envio de la Cancillería argentina, que en esta edicion con la curaduria de Adriana Rosenberg presenta a Macchi, con su enigmática obra «La ascensión», que ha suscitado el interés de los críticos de toda Europa que reune Venecia.

Entretanto,
Rosa Martínez presenta obras de 49 artistas en los magníficos espacios de la Corderie, la Artiglierie y el Arsenale. El concepto de la exposición, «Siempre un poco más lejos», según explica, tiende a afirmar que «el arte es una construcción del imaginario y que las fantasías nos ayudan a entender mejor la realidad». Pero más que fantasíasen la selección abunda el arte politico, las referencias -en ocasiones bastante obvias-a la desigualdad social, y la defensa a ultranza de los derechos de la mujer y los homosexuales. Mas de lo mismo para algunos, mientras que para otros se trata de un arte que refleja el espíritu de los tiempos.

Martínez
invitó a participar de su muestra al argentino Sergio Vega, radicado en EE.UU., quien presenta una instalación donde contrapone una vivienda confortable a las carencias de una villa miseria que la rodeada. La también argentina Carolina Antich, radicada en Italia, está presente con sus pinturas en un premio para jóvenes italianos. La extensión y el número de participantes de las exposiciones internacionales de la Bienal de este año ha sido reducida considerablemente en comparación con la anterior. Asi, España, con sus dos directoras, una política cultural de primer nivel dedicada a posicionar su arte en el mundo, y la ambicion de recuperar a través del arte el status del siglo de oro, presenta ocho artistas; Argentina cuatro. No está mal. Es decir: ¿quién podría imaginar cual sería la suerte de nuestros artistas si en la Argentina se hubiera invertido en arte sólo una centésima parte de lo que gastó España?

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