El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
La Bienal plantea convertirse en una oportunidad para que el espectador haga su propio análisis y se transforme en crítico de sus propias experiencias. El público puede hacer sus propias elecciones, crear un itinerario individual y considerar el mundo y la contemporaneidad desde los planteos y perspectivas de los artistas, no siempre los de más calidad.
El día reservado para la crítica y los especialistas asistieron alrededor de catorce mil personas, pero luego no hubo más de ochocientos visitantes diarios. Los críticos en general estaban agobiados por el calor y la baja calidad de las obras; si no hubiera sido Venecia la concurrencia habría sido menor. Dentro de todo ese malestar en la cultura, esta 50º edición es realmente paradigmática.
El título muy bien encontrado desde el punto de vista del marketing, «Sueños y Conflictos», no significaba nada. La dictadura del espectador, el proyecto del director
Aunque esta Bienal pretendió seguir en cuanto ideología a la excelente Documenta XI, del año pasado, organizada por
Dejá tu comentario