«Eclipse de luna», de B. Mosquera. Dir.: D. Mar-cove. Esc.: A. Belatti. Mús.: S. Vainikoff. Int.: C. Murta, S. Pasik, M. Nowak, G. Courtade (Teatro Andamio 90.)
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Bien construida, la obra de Beatriz Mosquera, «Eclipse de luna», muestra la desintegración de una familia cuyos mayores lucharon por sus ideales y fracasaron, adoptando ambos actitudes diferentes. A pesar de todo, la mujer decide seguir adelante, trabajar, terminar una carrera, educar a su hijo, abandonando a un compañero que opta por la invalidez.
En el medio está el hijo, que ignorando la verdad, se enfrenta a su padre a quien reprocha su indiferencia hacia él y su madre.
En la atmósfera incierta que crea la escenografía de Alberto Belatti, los personajes se ocultan, tienen ocasionales instantes de afecto compartido, pero el pasado parece invadirlo todo, impidiendo un verdadero encuentro. Hay algunas ráfagas de comprensión, pero finalmente la ruptura se produce. La mujer decide seguir adelante con su vida y el hombre encuentra en una mujer más joven un impulso que lo proyecte.
Los personajes están bien delineados y el conflicto aparece claro y es casi insoluble. El vínculo que antes ha unido a la pareja se rompe. Tiempo después parecen reunirse en un aniversario y olvidar sus diferencias. Daniel Marcove establece en el escenario un clima de confrontación que permanece larva-do, aun en los momentos en que parece haber una tregua. Cristina Murta encarna con mesura y sinceridad a la mujer y su trabajo es el más intimista de la puesta. Sin grandilocuencia enfrenta a su marido y a su hijo y, aunque su labor evite todo desborde, ella resulta el personaje más fuerte. Salo Pasik interpreta al marido con convicción, cargándolo de una mayor agresividad, y es fresco y espontáneo el trabajo de Gastón Courtade como el hijo. Marzenka Nowak otorga ingenuidad a la amiga, el papel más desdibujado de la pieza. Es sugerente la música de Sergio Vainikoff.
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