Viejos maestros también cotizan

Espectáculos

La reciente venta en Londres de un par de veduttas romanas de Bernardo Bellotto (1722-1780) en un total 12.800.000 dólares da pie para algunas consideraciones sobre el mercado de los llamados «old masters», categoría que incluye a artistas europeos desde el Siglo XIII a fines del XVIII. Dos cuestiones conspiran para que estos maestros no ocupen las primeras posiciones en la tabla de récords del mercado mundial: en primer lugar, las estrellas más renombradas, digamos Giotto, Leonardo, Miguel Angel, van Eyck o Vermeer muy rara vez aparecen en subasta con obras significativas, y por otra parte, la atribución de autoría de las obras de estos artistas, es muy a menudo un tema vidrioso. En este sentido la trazabilidad de la obra (la documentación fehaciente de las distintas manos por las que pasó) resulta fundamental.

La «Madonna y el Niño» de Sandro Botticelli (1445-1510), que también días atrás martilló Christie's triplicó la estimación original para lograralgo más de u$s 7.5 millones es un buen ejemplo de lo dicho. Su pedigree se remonta a un importante coleccionista inglés del siglo XIX, que lo vendió a quien fuera durante muchos años el curador de la Nacional Gallery de Londres (Thomas Merton), reconocida autoridad en esta materia. Para el mercado esta procedencia bendice a la obra, mucho más que la indudable pureza de la imagen.

  • Antecedente

    Consignemos al pasar que el récord anterior de Botticelli, cuyo verdadero nombre era Alessandro di Filipepi, no superaba el millón de dólares.

    Volviendo a Bellotto cuya fama hereda de su tío y maestro, Antonio Canaletto, (quien como se observa en el cuadro adjunto disputa las cumbres de este mercado) su temática más popular son las vistas de Venecia.

    En enero pasado Sotheby s vendió en Nueva York una de ellas en 4,6 millones de dólares marcando el récord del artista. El pandant ahora martillado en Londres presenta dos vistas del foro romano que pertenecieron al cónsul inglés Smith, principal protector y mentor de Canaletto y su sobrino. Su viuda las vendió a un acaudalado terrateniente británico en 1773 y ahora, nuevo récord mediante, pasaron a un anónimo coleccionista europeo.
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