28 de enero 2005 - 00:00

Volvió a la escena porteña el Ibsen más controvertido

Para Laphitz, pese a ser una obra de 1881, «Espectros» conserva vigencia porque «en las relaciones humanas sigue habiendo prejuicios, mentiras y engaños».
Para Laphitz, pese a ser una obra de 1881, «Espectros» conserva vigencia porque «en las relaciones humanas sigue habiendo prejuicios, mentiras y engaños».
Tras dedicarle un año de investigación, el director Lizardo Laphitz estrenó «Espectros», una de las piezas más controvertidas de Henrik Ibsen. Esta obra de 1881, que se ofrece en el Teatro Andamio 90, fue escrita inmediatamente después de «Casa de muñecas», casi en respuesta a las escandalosas reacciones que provocó el personaje de Nora, por atreverse a abandonar a su esposo y a sus dos pequeños hijos. Provocador, Ibsen decidió burlar la moralina de la época haciendo que la protagonista de «Espectros» -la señora Alvin- soporte estoicamente los desmanes de un marido mujeriego y afecto al alcohol, mientras envía a su hijo de siete años al extranjero para evitar la influencia de este padre bochornoso. Como era de esperar, los resultados de esta decisión son catastróficos e invitan a reflexionar sobre tópicos tan tortuosos como la infidelidad, el incesto, el alcoholismo, la eutanasia, y la hipocresía de ciertos mandatos religiosos. «Espectros» cuenta con el auspicio institucional de la Embajada de Noruega en Buenos Aires y ofrece funciones todos los sábados a las 21. El elenco está integrado por Cristina Dramisino, Gabriel Maresca, Alejandro Hodara, Romina Saul, e Isidoro Tolcachir.

Periodista:
¿Qué lugar ocupa la mujer en esta obra?

Lizardo Laphitz: La señora Alvin es la que tiene la mayor lucha en cuanto a mandatos y prejuicios de la época. Vive en una sociedad donde la religión tiene una influencia muy grande en cuanto a lo que se debe hacer o lo que conviene. Ella hipotecó su vida siguiendo los mandatos sociales y religiosos y cuando se da cuenta de su error ya es demasiado tarde.


P.:
¿Qué vigencia tiene hoy este enfrentamiento entre la estricta ortodoxia religiosa y la libertad del individuo?

L.L.: En las relaciones humanas sigue habiendo prejuicios, engaños y mentiras. Desde que yo tengo uso de razón fue así y no va a cambiar. Fíjese si no en cuántos lugares del mundo, como por ejemplo los países musulmanes, el peso que tiene la religión y en qué lugar de castigo y sometimiento coloca a la mujer. Cuántas veces uno se pregunta ¿cómo puede ocurrir esto hoy?


P.:
La sífilis juega un papel importante dentro de la obra.

L.L.: Sí. En esta tragedia «doméstica» como la llamó Ibsen, la protagonista se casa con un hombre de vida disipada. Entonces, cuando nace el hijo, ella teme que herede las tendencias de su padre y lo envía a Francia donde termina siendo pintor. La obra se inicia cuando el hijo vuelve a la casa familiar porque su madre inaugura un orfanato que lleva el nombre de su padre (ya fallecido), al que la señora Alvin siempre hizo pasar como un gran hombre. En este orfanato gastó toda la fortuna de su marido, justamente para que el hijo no heredara nada de él, pero lo que se filtra, a pesar de sus esfuerzos, es la sífilis. Esto, por supuesto, está tratado en un sentido simbólico, muy asociable al tema del sida, al que también se lo ha relacionado con la vida disipada o pecaminosa. Por lo que pude averiguar, son correctos los síntomas que describe Ibsen, pero lo que no se sabía bien en esa época es que la sífilis congénita se transmite únicamente por vía materna. Ibsen utiliza la sífilis para hablar de la herencia real que recibimos de nuestros padres y de la sociedad en que vivimos. No se trata solamente de una transmisión de sangre, sino de todos los prejuicios y miedos que nos traspasan. En este sentido son muy interesantes los debates que mantiene la señora Alvin con el pastor Manders.


P.:
¿Cuánto de esta problemática trasciende el siglo XIX?

L.L.: «Espectros» trasciendela época en que fue escrita.Muestra la contracara de una moral hipócrita y caduca, pero además, es la lucha de una mujer que perdió toda su vida enarbolando la bandera del «deber ser», que dinamitó su espíritu para mantener intacta la moral de su hijo. En este material encontré muchas analogías con situaciones vigentes en nuestra vida globalizada. Tal vez hoy el dogma que se impone en el mundo es económico, pero su efecto devastador, su injusticia, son similares. Tal vez las reglas políticosociales del siglo pasado eran sostenidas por una moralina diferente, pero la estructura de poder que impone libertades individuales cercenadas y verdades encerradas, es la misma.


Entrevista de Patricia Espinosa

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