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La historia es simple. Tres hombres descubren que sus mujeres se han ido, con rumbo ignoto e intenciones sospechosas, y que ahora ellos deben administrar la casa, limpiarla, y cuidar a los chicos en vacaciones. Desazón, torpezas, celos (como si no supieran que, por lo general, cuando las mujeres salen de farra no es para levantarse tipos, que son todos iguales, sino para chusmear a gusto, sin límites de tiempo), en fin, los infelices pasan por diversas etapas. Incluso uno de ellos debe tolerar que el ex de su mujer lo salude como Informate más
Encima, se pierde ante el lavarropas automático, y ni siquiera sabe cuál es la ropa de cada hijo (hay gente así).
Y como si esto fuera poco, los tres zonzos terminan cayendo en manos de una habilísima psicóloga feminista.
Estructurada en capítulos que se abren con curiosos pronósticos meteorológicos, y cierran con una conclusión sociológica, la obra luce intérpretes simpáticos, se ambienta en una linda zona turística de la Bretaña, y tiene apenas el único defecto de meter a cada rato unos temas musicales por demás remanidos. El último, al menos, resulta curioso:
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