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13 de abril 2006 - 00:00

"Yiya" con escaso rigor, pero bien Nacha Guevara

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Nacha Guevara salvó, con notable interpretación, el capítulo con escaso rigor de «Mujeres asesinas» sobre Yiya Murano.
Yiya Murano había impedido que se recreara su historia en «Mujeres asesinas» de «Canal 13» pero tras negociaciones y un presunto pago de parte de la emisora -que no reconocen, como ocurre en estos casos- aceptó a Nacha Guevara como protagonista de la adaptación libre de Marisa Grinstein.

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Murano puso la condición al canal de aparecer al final del episodio para desmentir todo lo que allí se mostraba y mediante la lectura de un escrito, enumeró diferencias entre «la ley, que hacen los hombres, y la justicia, que imparte Dios». Luego repasó la historia del derecho y concluyó lo que siempre sostuvo: que ella no había envenenado a sus tres amigas, como mostraba el capítulo, y como constó en la sentencia que la envió por trece años a la cárcel.

Lo mejor del episodio «Envenenadora» fueron las actuaciones de Nacha Guevara y Adriana Aizemberg como una de sus amigas, pues al resto le faltó rigor: en el libro y en la recreación histórica. Así, lo tenebroso de la historia no alcanzó para ocultar incongruencias del guión y de la producción. Quien haya leído el libro escrito por su hijo, Martín Murano, «Mi madre,Yiya Murano», publicado en 1994, no habrá podido relacionar el monstruo de madre que describe el autor, quien hasta incluye detalles sobre las andanzas de Murano con amantes. Fue él quien la denunció a la policía y no la hija de una de las víctimas, como muestra el capítulo para borrar de plano a Martín Murano.

Este describe en su libro a su padre como un hombre débil y anciano, que no cuadró con el papel de Raúl Rizzo quien, si bien sumiso, no parecía ni fragil ni mayor. Nadie creyó tampoco que en la Argentina de 1979 un oficial de policía -interpretado por el actor Jorge D'Elía, a quien ya habría que jubilarlo haciendo de comisario- interrogara en su oficina a Yiya con ésta sentada, cual Sharon Stone, sobre su escritorio. Sin embargo, para justificar en algo el amable interrogatorio policial, Murano reiteraba varias veces que tenía un hermano militar.

Antes del interrogatorio, el comisario tocaba el timbre y gritaba «¡Policía!», como en las películas (cosa que nunca ocurre en la realidad).

Cuando le abrían, mostraba un portadocumentos con una chapa dorada e ingresaba en la casa hasta el comedor. Una vez dentro, le decía a Yiya que tenía una denuncia y ésta, calma y relajada, lo invitaba a comer con la familia.

En cuanto a errores históricos, si bien buscaron que el vestuario fuera acorde con la época, se olvidaron de pequeños detalles, como la no existencia por esos días de teléfono inalámbrico, jeringa de plástico o televisión en color (sólo unos pocos privilegiados, en circuito cerrado pero no en hogares, pudieron ver el Mundial 78 en colores).

El episodio mostró cómo, en 1979, tres amigas murieron presentando uno o varios síntomas de envenenamiento, como fuertes dolores estomacales y asfixia producida por paro cardiorrespiratorio. Se trataba de Nilda Gamba, Lelia Formisano de Ayala -a quien le decían Chicha- y Carmen Zulema del Giorgio Venturini, conocida como Mema. Lo que dejó bien claro el capítulo de TV fue que a María de las Mercedes Bernardina Bolla Aponte de Murano le gustaba tomar el té y la buena vida, pues abundaron las comidas en tan solo 40 minutos de programa, más allá de las famosas masas a las que inyectaba cianuro.

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