«Lo mejor de
la zarzuela II»
fue uno de los
espectáculos
más cuidados
desde la
estética, y uno
de los más
ricos en el
aspecto
musical en su
género vistos
en los últimos
tiempos.
«Lo mejor de la zarzuela II». Dir. mus.: G. Paganini. Preparadora: N. Biffis. Coro: L.M. Zita. Vest.: C. Blanco. Puesta, ilum. y direc. gral.: M. Espósito. (Teatro Avenida.)
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Luego de presenciar un espectáculo como «Lo mejor de la zarzuela II» el espectador habrá podido respirar aliviado. Si pensó en algún momento que esta antología de algunos de los mejores fragmentos de la zarzuela española tenían como modelo aquellos que se veían en Buenos Aires hace algunas décadas habrá salido del teatro reconfortado.
No más telones pintados ni cantantes sin rigor ni estilo y orquestas de cuatro instrumento. Felizmente todo esto se transformó y «Lo mejor de la zarzuela II» se erigió como uno de los espectáculos más cuidados desde la óptica estética, y uno de los más ricos en los aspectos musicales en su género de los vistos en los últimos tiempos.
Con la dinámica de los fragmentos destacados, la presentación incluye seis momentos en la primera parte y doce en la segunda, puestos en escena con un mínimo de elementos, proyecciones y un colorido vestuario que, por momentos, llega a lo suntuoso, como el que exhibe la soprano Marina Biasotti en la «Canción veneciana» de la no muy transitada «El carro del sol», de José Serrano. Con emisión franca y excelentes condiciones vocales Biasotti brilló en este set, con ambientación de canales y un traje deslumbrante.
No fue el único momento destacable del show. Hubo muy buenos solistas vocales, siempre dirigidos por Mauro Espósito con sensiblidad y buen gusto. El tenor Gerardo Marandino aportó un volumen importante y su emisión se oye sana, afinada y de bello timbre. El relato de Rafael y el dúo posterior con Dolores lo tuvo como destacado protagonista.
La mezzosoprano Gabriela Cipriani Zec se aunó sin fisuras con la voz de Marandino, dando lugar a un fragmento conmovedor. Hugo Jaurena, un tenor cómico, se destacó en las coplas de Hilarión de «La verbena de la Paloma» (De la Vega y Bretón) y en «¿A la consulta se puede entrar?» de «La del soto del parral» (Soutullo y Vert) mientras que la mezzo Eugenia Montes fue un modelo de simpatía y estilo en su «Tango del ama».
El mismo Espósito cantó muy bien sus momentos solistas como el «Canto a Murcia» junto a un disciplinado coro, momento de «La parranda» (Ardavín y Alonso). Más allá del eficaz conjunto de cantantes y del coro conducido por Lourdes Zita, el director Giorgio Paganini fue un pilar básico del espectáculo. Su temperamento latino, su refinamiento musical y su manera persuasiva de imponer disciplina a un grupo de músicos, una genuina orquesta sinfónica en realidad, acompañó siempre con capacidad y se reservó sobresalientes momentos sinfónicos.
El ballet hispano con coreografía de Vergara Laheras y Rosillo fue otro elemento constitutivo valioso del espectáculo. Vaya como ejemplo una muestra de escuela bolera para «El baile de Luis Alonso» (Jiménez), un intermedio muy bien ambientado con un cuadro de Goya y un vestuario acorde a la estética del pintor español, presente en casi toda la segunda parte de esta cabalgata que fue aplaudida intensamente.
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