20 de septiembre 2026 - 13:36

El plan de China con la IA: reconoce los riesgos, pero rechaza frenar la carrera tecnológica con EEUU

Pekín advierte sobre los peligros de que la inteligencia artificial escape al control humano, pero apuesta por gestionarlos mediante regulación sin desacelerar su desarrollo. La competencia estratégica con Estados Unidos dificulta un eventual acuerdo entre las dos potencias.

El plan de Xi Jimping para controlar la expansión de la IA.

El plan de Xi Jimping para controlar la expansión de la IA.

Imagen creada con inteligencia artificial

La aceleración de la inteligencia artificial (IA) abrió un debate global sobre hasta dónde debería avanzar la tecnología y qué riesgos podría representar para la sociedad. Mientras algunos de los principales empresarios tecnológicos estadounidenses comenzaron a advertir sobre escenarios extremos y plantearon la necesidad de reducir el ritmo de desarrollo, China adopta una posición diferente: reconoce los peligros, pero no considera que la solución sea pisar el freno.

Pekín busca integrar la inteligencia artificial en prácticamente todos los ámbitos de su economía, desde la industria y la agricultura hasta la salud y el sector militar. Al mismo tiempo, pretende que su expansión permanezca bajo supervisión y regulación estatal.

La posición adquiere una dimensión adicional por la creciente competencia tecnológica entre China y Estados Unidos, las dos principales potencias en la carrera por el liderazgo de la IA.

“Si la comunidad internacional espera que el diálogo entre Estados Unidos y China sobre estas cuestiones desemboque en un acuerdo vinculante, se verá decepcionada”, señaló Ilaria Carrozza, investigadora principal del Instituto de Investigación para la Paz de Oslo (PRIO).

China quiere una IA “bajo control humano”

Las preocupaciones de China sobre los riesgos de la inteligencia artificial no son nuevas. Ya en 2017, el Gobierno advertía sobre sus posibles consecuencias para la privacidad, la estabilidad social y las relaciones internacionales.

Desde entonces, el país avanzó con distintas regulaciones: exige identificar contenidos generados mediante inteligencia artificial en redes sociales, restringió las parejas virtuales basadas en IA para menores y estableció límites al uso de deepfakes para difundir desinformación.

El presidente chino, Xi Jinping, fue todavía más explícito en julio al asegurar que la tecnología “debe permanecer siempre bajo control humano”.

La advertencia fue profundizada en septiembre por la Administración del Ciberespacio de China, que sostuvo que son necesarias políticas preventivas para evitar que la IA pueda amenazar la “supervivencia y el desarrollo de la humanidad”. Sin embargo, el enfoque chino presenta una diferencia respecto de parte del debate que atraviesa actualmente a Silicon Valley.

Mientras en Estados Unidos algunas de las advertencias se concentran en escenarios hipotéticos en los que sistemas avanzados podrían escapar al control humano e incluso representar una amenaza existencial, China aborda ese riesgo como uno más dentro de un conjunto más amplio de problemas tecnológicos y sociales que considera administrables mediante regulación.

“La gobernanza de la IA en China cumple varios objetivos simultáneamente: fomentar el desarrollo económico, gestionar los riesgos tecnológicos y sociales, y mantener la autoridad política”, explicó Zeng Jinghan, profesor de la City University de Hong Kong.

Shaoshan Liu, director del Instituto de Inteligencia Artificial y Robótica para la Sociedad de Shenzhen, planteó una diferencia similar.

“Los debates en China tienden a centrarse más en la capacidad de control, el uso indebido y las consecuencias sociales, mientras que en Estados Unidos han pasado a estar dominados por escenarios hipotéticos de pérdida de control o de extinción”, afirmó.

Regular la IA, pero sin detener su desarrollo

La posición de Pekín también está atravesada por una cuestión económica. El Gobierno chino considera que la inteligencia artificial puede convertirse en un motor de crecimiento y productividad, especialmente en un contexto de desaceleración de su economía.

Gigantes tecnológicos como Tencent, Alibaba, Baidu y ByteDance desarrollan modelos que compiten globalmente, mientras una nueva generación de compañías como DeepSeek, MiniMax, Moonshot AI, Z.ai y 01.AI busca avanzar sobre la frontera tecnológica. El objetivo del Gobierno es encontrar un equilibrio entre impulsar esa industria y controlar los riesgos derivados de su expansión.

“Eso es muy distinto a afirmar que la tecnología debe dejar de avanzar”, remarcó Liu.

Esa postura contrasta con las recientes advertencias de referentes de la industria estadounidense. Dario Amodei, CEO de Anthropic, planteó la necesidad de reducir el ritmo de desarrollo ante los riesgos que podrían presentar modelos cada vez más avanzados, una preocupación que también fue respaldada por Sam Altman, CEO de OpenAI, y Elon Musk.

Esa postura de China contrasta con las recientes advertencias de referentes de la industria estadounidense.

Esa postura de China contrasta con las recientes advertencias de referentes de la industria estadounidense.

La carrera entre China y EEUU complica cualquier freno

La discusión sobre los riesgos de la IA ocurre, además, en medio de una competencia estratégica cada vez mayor entre Washington y Pekín.

El presidente estadounidense, Donald Trump, describió abiertamente el desarrollo de la tecnología como una carrera entre ambas potencias. “Llevamos ventaja a China en IA... y, francamente, quiero que siga siendo así, porque quien gane en IA, será el vencedor”, afirmó.

China también observa la tecnología desde una perspectiva geopolítica. Chen Yixin, uno de los principales responsables de inteligencia del país, calificó recientemente a la IA como un “nuevo escenario de rivalidad estratégica entre las grandes potencias”. Ese contexto genera desconfianza en Pekín frente a los pedidos estadounidenses para desacelerar el desarrollo.

Los medios estatales chinos cuestionaron especialmente a Amodei después de que el empresario planteara la necesidad de limitar el acceso de China a determinadas tecnologías avanzadas. Las críticas se intensificaron luego de sus recientes llamados a reducir la velocidad de desarrollo de los modelos de IA.

Desde la perspectiva china, cualquier propuesta para desacelerar el sector puede ser interpretada no solamente como una discusión sobre seguridad, sino también como una herramienta dentro de la competencia tecnológica con Estados Unidos.

¿Puede haber un acuerdo entre las dos potencias?

Pese a las diferencias, existen algunos ámbitos en los que Washington y Pekín podrían encontrar puntos de cooperación. La próxima cumbre entre Xi Jinping y Donald Trump, prevista para finales de septiembre en Washington, podría incorporar la inteligencia artificial a la agenda bilateral.

Entre las áreas con mayor potencial para alcanzar entendimientos aparecen el uso de IA por actores no estatales y los ciberataques contra infraestructuras críticas facilitados por sistemas de inteligencia artificial. El principal obstáculo surge cuando la discusión pasa de controlar usos concretos a limitar el desarrollo de los propios modelos.

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