Economía

Guelar: "China no es una amenaza, es un vergel de oportunidades"

Desde la llegada del primer mandatario de China, Xi Jinping, y su cumbre con el presidente Mauricio Macri, los acuerdos alcanzados dieron un cambio de rumbo en materia de liberalización del comercio e inversión en infraestructuras del gigante asiático en el país. Diego Guelar, embajador argentino en China, uno de los principales expertos en la materia, explica varios de los acuerdos y su integración en la economía nacional.

Diego Guelar, el actual embajador de Argentina en China, es todo un veterano de la diplomacia argentina. Ha sido diputado nacional y embajador en los Estados Unidos en dos ocasiones, Brasil y la Unión Europea. Defensor del libre comercio con China, y de su inversión en infraestructuras, asegura que “la potencia oriental del antiguo y recelado Made un China ya no es la China de hoy”. Guelar desmiente, además, que el proyecto Atucha se halle “congelado” sino en la fase de “consultas técnicas”. Define el déficit con el gigante asiático, que en 2019 se espera reducir en u$s 5.000 millones, y habla del “pulmón financiero” creado a partir del acuerdo de los Bancos Centrales de ambos países.

Periodista: Pareciera que, como el gigante es China, los productos solo llegan del coloso asiático, pero no es así.

Diego Guelar: Tras 40 años de crecimiento a una tasa promedio de 9,5%, en lo que ha sido descripto por el Banco Mundial como la “más rápida expansión sostenida en el tiempo por parte de una gran economía en la historia”, hoy China ha entrado a una nueva etapa caracterizada por la innovación y sofisticación tecnológica en la producción industrial y por la consolidación de un inmenso mercado interno, cuyo consumo es el nuevo motor del crecimiento. Esta reorientación del mercado externo al mercado interno como motor del crecimiento se hace evidente en la nueva política china de promoción de las importaciones, como quedó demostrado en la feria de importaciones que se celebró en Shanghai, a fines del año pasado.

P.: ¿Una visión inaudita desde nuestra perspectiva?

D.G.: Esta política de promoción de importaciones puede parecer inaudita, pero hay que considerar que en los últimos 40 años China ha sacado a 800 millones de personas de la pobreza. Eso quiere decir que, en promedio, cada año se han sumado a la creciente clase media china el equivalente a la mitad de la población de Argentina. Tanto las nuevas clases medias, como las nuevas clases altas han devenido en consumidores cada vez más sofisticados; y el auge y desarrollo del comercio electrónico ha generado un “boom” del consumo en los últimos años. Esta demanda creciente es lo que permite explicar porque siguen abriéndose nuevos nichos en un mercado que aún está muy lejos de saturarse.

P.: ¿Los productos argentinos encuentran sitio?

D.G.: Los productos argentinos que están llegando a China son principalmente los vinculados al complejo agroexportador: porotos y aceite de soja, carne vacuna, vinos, langostinos y otros pescados, pellets y harinas para alimentación animal, frutas varias; también golosinas, snacks, panificados, pastas secas, productos lácteos y ciertos enlatados, por mencionar sólo algunos. Recientemente se ha abierto la importación de cerezas que, hay que señalar, si bien es un producto primario, su cultivo y exportación demanda tecnología y mano de obra y es un producto de lujo que alcanza altos precios en las góndolas chinas.

Uno de los grandes desafíos para nuestro país es agregar más valor a esa oferta que es fuertemente primaria. Recientemente en la prensa argentina se difundió la buena noticia relativa al contrato celebrado entre una firma argentina fabricante de satélites y una firma china dedicada a la puesta en órbita de satélites. Considero que este es el camino que hay que recorrer y promover, mostrar que la Argentina tiene una oferta tan amplia y sofisticada que va desde las cerezas a los satélites espaciales.

P.: Los presidentes Mauricio Macri y Xi Jinping firmaron el 2 de diciembre un nuevo plan de acción que incluye 30 nuevos acuerdos millonarios en inversión, economía e infraestructura para los próximos 5 años entre Argentina y China. ¿Cuál cree usted que es el más importante y por qué?

D.G.: Sin lugar a dudas, el más importante es el acuerdo entre los Bancos Centrales por el cual se garantiza un crédito de u$s 8.500 millones, adicional a los 10.000 millones que ya teníamos concedidos. Eso nos da un pulmón de financiamiento del comercio exterior muy importante e implica, a la vez, un significativo aumento de nuestras reservas, porque estos montos pueden acreditarse como reservas en el Banco Central y, eventualmente, en caso de ser necesario, se podrían usar para cancelar deuda, previa aprobación de la autoridad monetaria china.

A este muy importante convenio se le suman todos aquellos que han significado apertura de mercados: la consolidación del de carnes y cerezas, por ejemplo; más aquellos resultantes de la misma visita presidencial y que se encuentran en trámite, como por ejemplo miel y porcinos.

Por último es importante mencionar otro acuerdo que, si bien no se firmó en aquella visita de diciembre de 2018, es resultado de ella, y es la reciente autorización de la operatoria en la Argentina del Banco de China, firmada la semana pasada por el Banco Central de nuestro país.

P.: China es el segundo socio comercial de Argentina detrás de Brasil. El intercambio alcanzó en 2017 los u$s 17.000 millones, pero la balanza arrojó un déficit para Argentina de u$s 7.736 millones. ¿Qué datos de intercambio se prevén para 2019?

D.G.: Este es uno de los temas en los que más hemos estado trabajando en los últimos años, pero es importante comprender que un déficit así no se revierte de un momento para otro. La economía argentina se ha caracterizado por su poca apertura en las últimas décadas, y esa falta de “gimnasia” exportadora se hizo evidente en el déficit de la balanza comercial una vez que pasó ese “veranillo de San Juan” de los precios records de los commodities, que son los que explican nuestro anterior superávit.

Teniendo en cuenta el comportamiento de los últimos cuatro años, para 2019 se puede esperar una baja en las importaciones desde China, debido al menor ritmo económico argentino y a las peculiaridades del año electoral, estimando que se ubicarán alrededor de los u$s 11.000 millones de dólares. En cuanto a las exportaciones, hay optimismo de que se alcanzarán los u$s 6.000 millones, impulsados principalmente por el complejo sojero, las carnes y los productos de la pesca, como langostinos y calamares. De darse esta coyuntura, el volumen total de comercio se mantendría en u$s 17.000 millones, pero habría una reducción del déficit, que se ubicaría en unos 5.000 millones.

P.: ¿A qué obedece ese déficit?

D.G.: Nuestro déficit de balanza comercial con China no obedece al volumen de las importaciones provenientes de aquel país, sino más bien a la baja capacidad de nuestra estructura productiva para ofrecer productos a un mercado que no sólo está abierto para nuestros bienes, sino que es hoy por hoy el más importante del mundo. En consecuencia, es fundamental revertir esta situación a través de la necesaria sinergia que debe darse entre el sector público y el sector privado. Desde nuestra Embajada y nuestros consulados hemos trabajado mucho para lograr la creación de hubs logísticos en los principales puertos chinos, para facilitar así la disponibilidad de productos argentinos en este mercado. Sin embargo nos encontramos con que escasea la oferta. Esto responde a veces a fatalidades climáticas que afectan a una oferta tan fuertemente primaria como la nuestra; pero en otros casos se trata de simple temor, desinterés o desconocimiento. No me canso de repetir que es hora que los productores argentinos salgan a exportar.

P.: Pequeños y medianos empresarios ven con cierto recelo la inversión de un coloso como China en nuestro país. ¿Es justificado este temor?

D.G.: Es comprensible que los empresarios pyme, en una economía que por años fue tan cerrada como la nuestra, vean con cierto resquemor a China, en especial a esa vieja China del Made in China, la exportadora de productos industriales baratos. Pero ese temor se basa en dos supuestos erróneos: por un lado, esa China exportadora de productos baratos está dejando de ser tal; y, por otro lado, se está trasladando al ámbito de las inversiones un temor derivado del ámbito estrictamente comercial. Quiero decir, las pequeñas y medianas empresas no deberían temer a las inversiones chinas, sino verlas como una fuente de oportunidades. Las inversiones chinas en Argentina demandan mano de obra e insumos. Las pymes deberían aspirar a ser parte de una cadena productiva que podría estar motorizada por la demanda de grandes empresa de capitales chinos instaladas en nuestro país.

P.: ¿Qué se sabe del congelado proyecto por el cual Pekín construiría con tecnología propia una cuarta central nuclear en Atucha?

D.G.: Este proyecto no se encuentra congelado, sino que está en una etapa de consultas técnicas. Es un tema complejo, que involucra no sólo cuestiones de financiación que deben ser definidas, sino aspectos de “política”, dado que se trata de un área estratégica para el desarrollo de cualquier país, y en especial para el nuestro, que cuenta con una larga trayectoria de desarrollo y uso de la energía nuclear para fines pacíficos. Resueltos aquellos aspectos “macro”, tal como se hizo evidente en la última declaración presidencial conjunta de diciembre de 2018, se abre entonces la larga etapa de las negociaciones puramente técnicas. Sí, como le comenté antes, la apertura del mercado de cerezas llevó negociaciones que duraron dos años, ¡imagínese con cuanta más cautela se abordará esta cuestión! Puedo confirmarle, sin embargo, que se está avanzando y que recientemente han visitado Beijing altas autoridades de la CONEA para avanzar en esta materia.

P.: ¿En qué fase se encuentra el contrato para la empresa de construcción e ingeniería China Machinery Engineering Corporation (CMEC), a cargo de la reactivación del Ferrocarril Belgrano Cargas?

D.G.: Según datos de 2018 informados por la empresa, para fines de ese año ya se habían ejecutado el 50% del proyecto, el 82% de la provisión de materiales y el 18% de la obra civil, esto en conjunto equivaldría al 33% del proyecto total, incluyéndose en estos números más de 600 km de vías.

Este contrato requirió varias enmiendas, vinculadas principalmente a cuestiones de financiación. Actualmente se encuentra en negociación la cuarta enmienda, por la cual nuestro país busca obtener mejores condicione de financiación.

P.: ¿Qué puede decirme en cuanto al convenio de exportación de cereza?

D.G.: El Protocolo Sanitario que establece los requisitos de acceso para las cerezas argentinas en China, punto de llegada de las negociaciones, fue firmado en diciembre de 2018, durante la visita del Presidente Xi Jinping a la Argentina; y se logró que casi inmediatamente las autoridades sanitarias chinas accedieran a realizar la visita de auditoría de los primeros embarques a mediados del mes de enero de 2019. Esto permitió la exportación de 8 contenedores con 160 toneladas y un envío aéreo de 760 kilos, los cuales arribaron a China en forma previa a la celebración del Año Nuevo Lunar, a principios del mes de febrero. Este detalle es muy importante, ya que el Año Nuevo Lunar es un período marcado por el aumento del consumo vinculado a las celebraciones familiares y, como ya he señalado, las cerezas son un bien de lujo y un regalo muy preciado.

China es un gran importador de cerezas. En 2018 importó 186.263 toneladas por un valor de u$s 1.300 millones, lo que implicó un aumento del 82% en volumen y 70% en valor en comparación a 2017, y su principal proveedor fue Chile, con un 87% del volumen total. Dado que actualmente la producción argentina de cerezas ronda las 13.000 toneladas, esperamos que durante la próxima campaña se incrementen fuertemente los envíos a China, considerando en especial la excelente calidad, tamaño y color de las cerezas argentinas. Esto sin dudas incentivará la producción del sector y potenciará a esta economía regional con fuerte presencia en Mendoza, Neuquén, Rio Negro, Chubut y Santa Cruz, generando puestos de trabajos y ayudando a avanzar en la diversificación e incremento de nuestra oferta exportadora.

P.: ¿Macri ha dicho que China no es una amenaza, es una oportunidad. ¿Cuál es su opinión?

D.G.: Coincido plenamente con lo expresado por el Presidente que es, sin dudas, una de los pocos dirigentes de nuestra clase política que tiene desde hace años plena conciencia de la importancia de China en el contexto global actual y de su papel clave para el desarrollo de nuestro país. China no es una amenaza, es un vergel de oportunidades que deben ser aprovechadas.

Geopolíticamente, no es un dato menor el hecho de que China sea la primera potencia que avanza a paso firme hacia el liderazgo global sin haber librado ninguna guerra en ese proceso. Este es un hecho inaudito, extraordinario en la historia ¿Cómo podríamos percibirlo como una amenaza?

P.: Macri dice que tanto a Trump como a Xi Jinping les gustó el choripán. ¿Ha comenzado con la parrilla en la Embajada?

D.G.: ¡Claro que sí! Mire, en todas mis experiencias previas como Embajador (en los Estados Unidos, en Brasil, en la Unión Europea) siempre fui muy consciente de que una parte importante del éxito de los eventos de las embajadas argentinas descansaba en la bien ganada fama de nuestras carnes. Aquí en la embajada en China, no obstante, no sólo agasajamos a los invitados con cortes de nuestras mejores carnes, sino que también ofrecemos choripanes, dado que tenemos una máquina de hacer chorizos y nuestros cocineros chinos han aprendido ese arte como si se tratase de los más eximios parrilleros argentinos.

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