Una modalidad de estafa se repite en las zonas turísticas de Brasil.
Foto: Tomaz Silva/Agência Brasil
Una turista argentina denunció un perjuicio económico de magnitud tras una compra mínima realizada en Río de Janeiro mediante un sistema de pago digital. El episodio, que tuvo como víctima a María Cristina Gómez Aguilar, volvió a poner en foco una modalidad de fraude que se repite en zonas turísticas del país vecino y que apunta especialmente a visitantes extranjeros.
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El caso expuso una práctica que se apoya en la rapidez de las transacciones electrónicas, el desconocimiento del idioma y la confianza de quienes se encuentran de vacaciones.
La maniobra se basa en la manipulación de los importes al momento de efectuar el cobro con posnets o aplicaciones móviles. Vendedores inescrupulosos cargan cifras muy superiores a las acordadas y se aprovechan de la distracción del comprador o de su dificultad para comprender el idioma local.
Este tipo de fraude se apoya en sistemas de transferencia inmediata, como Pix, que permiten que el dinero se debite en segundos. Los estafadores suelen operar en playas y paseos de alta circulación, donde el movimiento constante de personas facilita desaparecer rápidamente tras concretar el cobro indebido.
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Este tipo de fraude se apoya en sistemas de transferencia inmediata, como Pix.
Foto: Shutterstock
Cómo funcionan estas estafas
En el caso de María Cristina Gómez Aguilar, el hecho ocurrió el domingo 25 de enero, cuando la turista caminaba por la playa de Copacabana. Allí decidió comprar un choclo a un vendedor ambulante. El valor pactado fue de 20 reales, una suma cercana a $5.500 argentinos.
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Medios brasileños como identificaron esta modalidad como el “golpe da maquininha”.
Aguilar reconoció que no domina el portugués y que esa dificultad influyó en lo que ocurrió después. Aceptó que el comerciante la ayudara a realizar el pago a través de la aplicación digital. El hombre tomó el teléfono, realizó la operación y le aseguró que la transacción se había completado correctamente.
Recién más tarde, al revisar el movimiento bancario, la mujer advirtió el engaño: en lugar de 20 reales, el débito figuraba por 20.000 reales, una cifra equivalente a casi seis millones de pesos argentinos.
“No entiendo los números en portugués. No hablo portugués, entiendo muy poco. Así que me ayudó a marcar el número y me dijo, ‘está listo’”, relató la víctima al reconstruir la secuencia.
La turista expresó la angustia que le generó la situación, ya que ese dinero estaba destinado a cubrir los gastos del viaje. “Tenía mucho miedo. Se suponía que serían 20 reales y él metió 20.000. Se aprovechó de que no hablo portugués. Todavía no recibí respuesta de la policía y no sé nada”, afirmó.
El llamado “golpe da maquininha”
Medios brasileños como identificaron esta modalidad como el “golpe da maquininha”. El fraude se concreta cuando el vendedor introduce ceros adicionales en el monto total antes de confirmar la operación en el lector de tarjetas o en el sistema digital.
En muchos casos, los estafadores cuentan con cómplices que distraen al cliente mientras se procesa el pago. La víctima acerca su tarjeta o su teléfono sin verificar el importe en pantalla y la transferencia se ejecuta de forma inmediata, sin margen para revertirla.
Las autoridades de Brasil advirtieron que este tipo de estafas se multiplicó en balnearios concurridos, donde la informalidad de la venta ambulante dificulta la identificación posterior de los responsables.
Desde la policía local recomendaron a los turistas argentinos controlar siempre el monto que figura en el dispositivo antes de confirmar cualquier pago y evitar entregar el celular o ingresar claves personales frente a desconocidos. La prevención, remarcaron, resulta clave para proteger el patrimonio durante las vacaciones.
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