Fernando es un argentino que vive hace 30 años en el norte de Italia, en Bérgamo, en pleno corazón de la Lombardía, una de las zonas más afectadas por el coronavirus que, desde ayer, está bajo fuertes medidas de aislamiento para detener la enfermedad. Desde hace dos años, de lunes a viernes, trabaja en Bressanonne, en la provincia de Bolzano, a 300 kilómetros de su domicilio, al que regresa todos los fines de semana. Claudia, su mujer, se desempeña como ingeniera en una empresa en el pueblo de Nembro, a pocos kilómetros de Bérgamo. Desde este fin de semana quedaron separados por la “zona roja” que dispuso el Gobierno.
Argentinos en la Italia del coronavirus: "Da miedo acercarse a otras personas"
El Gobierno dispuso restricciones de movilidad en el norte del país, especialmente en la Lombardía, hasta el 3 de abril. Afecta a otras 14 provincias. Situaciones de angustia por una medida sin precedentes.
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Controles. Por la decisión de aislamiento dispuesta por el Gobierno italiano, los lugares de gran concurrencia de gente -como estaciones de trenes, centros comerciales y demás- aparecían ayer desolados en la zona afectada.
“La situación es delicada. Donde estoy yo (Bressanonne) no es uno de los lugares con más casos, pero no puedo ir a Bérgamo porque ahí está muy complicado. Hubo muchos contagios. Si lo hago, en el trabajo me dijeron que no puedo regresar hasta que se levante el aislamiento”, señaló Fernando a Ámbito Financiero, desde el pueblo en el que está temporalmente radicado, contratado por una compañía encargada de la construcción de un túnel fronterizo con Austria.
A 300 kilómetros, Claudia vive la otra parte de la historia. “Decidimos que se quedara allá porque en toda la zona de Lombardía hay mucho riesgo de contagio. Hasta hace unos días, la gente no había tomado conciencia del problema. Con la medida del Gobierno, todo cambió. Ahora hay una gran psicosis. La gente tiene miedo de acercarse a otras personas por temor al contagio. Yo tengo miedo”, señaló vía telefónica. Desde su empresa le recomendaron que desde hoy no fuera a trabajar. Ligeramente, se podría pensar que es una buena noticia quedarse en la casa, pero no es tan así. “Hay mucha angustia. Los hospitales están colapsados. Saber que si te pasa algo, no hablo ni del coronavirus, sino de cualquier otra cosa, no vas tener dónde atenderte ni un médico que venga a domicilio”, explicó.
La vida cotidiana en toda la zona afectada se ve alterada. Se recomienda quedarse en las casas, organizar para que solo un miembro de la familia haga las compras, no saludarse con apretones de manos, lavárselas todas las veces posibles. Toda una serie de medidas que obligan a un cambio de vida. Los medios de comunicación remarcan cada vez más que el Gobierno subestimó el tema y que ahora quiere recuperar el protagonismo. También se sospecha que la demora en aplicar restricciones en la Lombardía -la región con la radicación de las industrias más importantes- se debió al fuerte lobby empresario por el impacto económico de la medida. También se cuestiona la falta de políticas de prevención entre los jóvenes, pese a no ser la población más afectada. “Si bien se dejaron de dictar clases en escuelas y universidades, la medida no tuvo controles y se tomó como ‘vacaciones’. Siguieron concurriendo a bares, discos, recitales, etc. Después iban a sus casas, contagiaban a padres o abuelos, personas mayores que son las más afectadas, sin saber que, en muchas casos, podían provocarles la muerte”, explicó Claudia.
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