Sorprendió ayer que nadie del gobierno, ni de la Policía, ni de la administración municipal se interesara por el episodio de la muerte por paliza de Matías Bragagnolo, joven de 16 años. Nadie se ocupó de conectarse siquiera con la familia a pesar de que Juan Carlos Blumberg testificó sobre varias anomalías ocurridas posteriormente al incidente en el que la patota le causó la muerte al adolescente, responsabilidades de las que no puede escaparse el Estado (indicación policial para que no se informara a los medios, curiosidades sobre las características del deceso, antecedentes de los agresores, etc.).
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Sí hubo una llamada del ex canciller y hoy diputado Rafael Bielsa, como un simple solidario,aunque tal vez no pueda incluirse a él en el universo oficial. Al menos se aguardaba una suscinta explicación sobre un episodio ocurrido en una zona que, se supone, debe ser una de las más custodiadas de la Ciudad ( Palermo Chico). O, tal vez, como el chico iba a un colegio privado -como señaló el monopolio «Clarín» casi en forma descalificatoriay se interesó Blumberg en el caso, no merezca ninguna aclaración ni atención. A menos que uno se proponga pensar, como el padre de la víctima, «irse del país porque no quiere perder otro hijo».
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