Un ciudadano libanés y otro argentino fueron detenidos por efectivos de la Policía Federal acusados de integrar una banda internacional de «clonadores de celulares», que habría estafado a empresas de telecomunicaciones en más de medio millón de dólares.
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Además de las detenciones de los acusados, los policías que participaron de la investigación secuestraron, en el marco de varios allanamientos, un centenar de teléfonos celulares « clonados», cámaras web y computadoras utilizadas para concretar el fraude.
Los detenidos están acusados de «clonar» distintos teléfonos celulares con los que recibían llamadas internacionales y perjudicaban a las empresas prestatarias. Los procedimientos fueron realizados en viviendas situadas en Libertad al 1100, Carlos Pellegrini al 100 y Rodríguez Peña al 1100, del centro porteño, en la avenida Las Heras al 2900 y Gutiérrez al 2500, del barrio de Palermo, y en Blanco Encalada al 2200, de Belgrano.
• Pesquisa
En esos lugares, la Policía procedió a secuestrar, además de los aparatos de teléfono celular y las computadoras, «redes clandestinas», cuyo funcionamiento no requería la presencia humana y habían sido instaladas con el propósito de «perjudicar y evadir el pago de los cánones empleados en el uso del espacio telefónico, convirtiendo el pulso en protocolos de Internet para abaratar los costos de las maniobras».
Para cometer el delito, los apresados empleaban un sofisticado mecanismo informático y la instalación de «centrales de recepción» utilizando para ello teléfonos denunciados como sustraídos con números de clientes en uso. La pesquisa había comenzado en agosto pasado, cuando los investigadores tomaron conocimiento del perjuicio que la maniobra desbaratada causaba a las empresas de telefonía celular locales.
• Comprobación
El procedimiento consistía en duplicar o «clonar» aparatos de ocasionales transeúntes para luego utilizar los números de abonados para recibir en forma clandestina llamadas del exterior mediante el uso de tarjetas telefónicas a bajo costo. Los investigadores policiales comprobaron que las antenas que se hallaban alejadas unas de otras captaban señales del mismo abonado telefónico celular en un lapso tan corto que hacía imposible suponer que se trataba de un mismo celular que se desplazaba de un lugar a otro.
«Al mismo tiempo se comprobó que las comunicaciones que llegaban a esos celulares correspondían a llamadas originadas en el exterior, utilizándose para ello tarjetas prepagas que se comercializaban libremente en el extranjero, como por ejemplo en Estados Unidos, Europa y Centroamérica.»
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