Ni las calesitas se salvan de la crisis: "Acá no hay sortija virtual"

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Carlos Pometti, secretario general de la Asociación Argentina de Calesiteros y Afines porteños, expresó a Ámbito la preocupación del sector, sin actividad desde el comienzo de la cuarentena por coronavirus. "La estamos pasando mal y, por lo que se ve, vamos a seguir así", dijo.

No hay sortija virtual”. Así de contundente fue Carlos Pometti, secretario general de la Asociación Argentina de Calesiteros y Afines porteños, al describir la situación que atraviesan desde que se decretó el aislamiento social, preventivo y obligatorio en el marco de la pandemia de coronavirus.

En la ciudad de Buenos Aires hay 53 calesitas que desde el 20 de marzo, con el comienzo de la cuarentena, quedaron inactivas. Si bien algunos de sus titulares pudieron acceder a los $10.000 correspondientes al IFE ( Ingreso Familiar de Emergencia), el panorama no es alentador para el sector.

“La estamos pasando mal y, por lo que se ve, vamos a seguir así. Desde el primer día de la pandemia nos llamaron para decir que se cerraban los juegos de la plaza. Pensamos que iba a ser por 15 días, pero se fue extendiendo. Y nos vamos dando cuenta que la cosa está muy complicada”, sostuvo Pometti a Ámbito.

Las calesitas son para la mayoría de ellos, la única fuente de ingresos económicos. Actualmente, no sólo no generan ganancias sino que, además, como muchos comerciantes deben enfrentar gastos que no pueden solventar. “Yo opté por no pagar la factura de luz. De última que la corten y, cuando volvamos, veremos”, dijo el secretario de la entidad.

En ese sentido, mencionó que los servicios que deben pagar, en promedio, son: $5.000 de luz, $3.000 de monotributo y $2.000 de seguro de responsabilidad civil e incendios.

El representante de la asociación aseguró que no pretenden “abrir indiscriminadamente o de cualquier forma”, sino que necesitan ser parte de la agenda de las autoridades, teniendo en cuenta que no hay fecha establecida para su vuelta al trabajo. En ese sentido, Pometti aclaró que si bien están “en contacto con la Dirección de Espacio Público, lógicamente no tienen mucho para decir”.

El oficio de calesitero tiene la particularidad que sólo encuentran aquellas profesiones donde los niños son protagonistas. Difícilmente alguien pueda rememorar una anécdota negativa en una calesita. Hoy quienes integran la asociación no sólo se ven inmersos en las dificultades económicas que el contexto impuso sino que se enfrentan emocionalmente a una situación inédita. “Es un cambio rotundo. Nunca en la vida estuvimos sin trabajar, excepto cuando llovía. Vas pintando un juego, vas haciendo algo, pero llega un momento que no tenés que hacer”, expresó con nostalgia el secretario.

Mientras tanto, varios son los niños que les escriben a través de sus redes sociales: “Nos cuentan algunas cosas que les pasan, preguntan cuándo vamos a abrir”. Pero las calesitas no son factibles de teletrabajo: “Esto no se puede hacer de ninguna otra manera, no hay sortija virtual”, concluyó Pometti.

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