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19 de abril 2007 - 00:00

"Cuidacoches": plaga pedigüeña de la que nadie se hace cargo

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Se juntan en lugares fijos, se reparten las zonas y obligan a los automovilistas a pagar entre $ 10 y $ 40 (según el vehículo y el perfil del conductor) por «permitirles» estacionar en «su» cuadra.
La plaga de «cuidacoches» que se instalan en las inmediaciones de los estadios en cada partido o recital, y les exigen plata a los automovilistas para dejarlos estacionar en la vía pública, parece parafrasear un reciente éxito editorial: «Nadie fue». ¿Por qué?

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  • La Policía Federal dice que no tiene los instrumentos legales para desalojarlos de la calle;

  • la fiscalía porteña contravencional asegura que sólo pueden intervenir en caso de que haya denuncias de damnificados;

  • los automovilistas admiten que aceptan el chantaje de los «trapitos» por temor a que les destruyan el vehículo;

  • el Gobierno porteño acusaa los organizadores de los espectáculos por no prever estacionamientos suficientes para todos los concurrentes; . los propios « cuidacoches» admiten estar haciendo algo ilícito, pero dicen que 30% de su recaudación es para los policías;

  • la Federal dice que, cuando hacen las actas, si éstas tienen algún vicio en su confección, los fiscales rechazan la denuncia; piden entonces un acta «pro-forma», a prueba de errores de quien la confecciona;

  • la fiscalía contraataca afirmando que esas actas «proforma» ya existen, pero que la Policía no las usa.

    El volumen del negocio no parece justificar tantas complicidades: se estima que -como máximo- son unos 4.000 autos los que van a River en recitales (en partidos, algo menos) y quedan en la calle; a un promedio de $ 15 por vehículo, son u$s 60.000 por evento; si hay tres por mes (entre partidos oficiales, Copa Libertadores o recitales) el total mensual rondaría los $ 180.000. Parece poco para que estén involucrados comisarios o funcionarios municipales de alto rango. Seguramente se trata de un negocio «hormiga», de segundo nivel, y por lo tanto -al menos en la apariencia- fácil de desbaratar.

    Lo cierto es que -por esta obvia colusión de facto en la que nadie parece querer hacer nada para cambiar la situación- en los alrededores de las canchas de River Plate y Boca Juniors (sobre todo), pero también en las del Buenos Aires Lawn Tennis Club (cuando hay torneos importantes) y la zona del Zoológico/La Rural, quienes tienen la entrada para el show o el partido, y además llegan con su propio auto, se ven obligados a pagar -según la ocasión y el lugar- entre $ 10 y $ 40 por el derecho a dejarlo en la calle (o sobre los canteros, en el caso del Buenos Aires).

    La primera pregunta que cabe hacerse es quiénes son y quiénes comandan estas bandadas de «buscas» compulsivos. Todas las partes consultadas coinciden: «Son los barras bravas de los mismos clubes; en La Boca, la gente del barrio».

    Sin embargo, esta afirmación genera no pocas dudas:   

  • ¿La barra brava de qué club actúa en el Zoológico? Se habla de la de Excursionistas o de la misma River.   

  • ¿Qué pasa cuando -como el domingo último- River juega de visitante (nada menos que el superclásico) y en su estadio hay un concierto de rock multitudinario?   

  • ¿Quiénes son, entonces, los «trapitos»?: barras suplentes.

    La respuesta que dio a este diario Andrés Gómez Ríos, titular de la Fiscalía N°5, con jurisdicción en Palermo (Buenos Aires Lawn Tennis Club, Zoológico, La Rural) es al menos descorazonadora: «Existen denuncias vecinales por el abuso de los 'cuidacoches', pero no tengo información de cómo se organizan y quiénes los manejan». Podría pensarse que, para tener información sobre quiénes son y cómo se organizan, el funcionario debería haber encarado una investigación. Aparentemente no lo ha hecho aún. «En nuestra zona hay de los dos tipos de 'trapitos': los que se la rebuscan para poder vivir, pidiendo a los conductores una colaboración voluntaria, y los que amenazan para coercionar al automovilista.»

  • Policía comunal

    Por su parte, Juan Pablo Schiavi, ministro de Planeamiento y Obras Públicas porteño, aseguró que «los barras bravas son quienes manejan a los 'cuidacoches', pero actúan con el aval de la Policía.» Acto seguido, pidió por la creación de una policía comunal (se plebiscitará en junio, en simultáneo con el ballottage de la elección municipal) «que complemente el trabajo de la Federal, que tiene que encargarse de otras cuestiones, como violaciones, robos, etc.».

    Además, dice Schiavi, «un gran problema de la Ciudad es la falta de espacio para estacionar, factor que ayuda a la existencia de los 'cuidacoches'. Buenos Aires no es una ciudad que esté preparada para que se realicen espectáculos multitudinarios. Los estadios no ofrecen estacionamiento para quienes asisten a ellos».

    Un alto jefe de la Policía Federal, que pidió reserva de su identidad, coincide con Schiavi: «Cuando hay un concierto o un partido tenemos que ocuparnos de otros temas, como la seguridad, que no haya incidentes entre las barras, que no haya colados en la fila, que no haya robos... Eso nos deja poco personal para controlar a los ' cuidacoches'».

    El alto oficial agrega que «no tenemos los elementos legales, que nos permitan correrlos. Sólo podemos arrestarlos en el momento en que cometen un delito. La Policía necesita un marco legal al cual ajustarse. Tenemos un margen de acción muy limitado con respecto al estado pre-delictual».

    El jefe policial añora los días de los edictos que permitían arrestos por «averiguación de antecedentes» y «merodeo», figuras que ya no existen. Sin embargo, introduce un tema polémico en el debate: «Si no se les da el monto que piden no le hacen nada al auto; para el 'cuidacoches' el negocio está en acomodar la mayor cantidad de vehículos posible y no en buscarse problemas».

    No piensa lo mismo la inmensa mayoría de quienes concurren a espectáculos sin el parking asegurado: casi nadie se anima a correr el riesgo, incluyendo al jefe policial que admitió haber pagado $ 20 en el concierto de Roger Waters. Dice: «¿Qué quería que hiciera: que llamara un patrullero? ¿Para qué: si igual no tienen facultades para sacarlos?».

    Llamativamente, el domingo se produjo una fuerte división de aguas en el control policial: una de las jurisdicciones destinó cientos de agentes (uno por esquina) a evitar la acción de los 'cuidacoches'. Un oficial a cargo del operativo dijo: « Tenemos orden de no permitirles trabajar acá», y admitió que dicha orden se debía a «presiones periodísticas». Del otro lado de la avenida (otra jurisdicción, otra comisaría) los «trapitos» cobraban entre $ 10 y $ 15 -se explica aparte el tarifario- sin que ningún agente los molestara.

  • Descoordinación

    Guillermo Reineke, jefe de prensa de la fiscalía contravencional porteña -fue imposible hablar con el titular de la misma, José Luis Cevasco- confirmó que «es imprescindible que el damnificado haga la denuncia. Respecto del acta, hay un formulario a prueba de fallas, pero es cierto que falta coordinación entre la Federal y la fiscalía. Pero la Policía a los 'cuidacoches' tiene la obligación de hacerlos circular».

    Schiavi, en tanto, está convencido de que «la única solución para erradicar a los 'cuidacoches' es combinando tres factores: que el Estado regule, grandes estacionamientos en los estadios y la incorporación de un cuerpo policial dedicado sólo al control de lo contravencional». Como se ve, la tierra de nadie parece extenderse a varias cuadras a la redonda de los principales escenarios deportivomusicales de la Ciudad. Sin que, al menos por el momento, pueda preverse cuándo los automovilistas porteños podrán estacionar, en paz, sus vehículos en las zonas permitidas por la ley.
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