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7 de septiembre 2006 - 00:00

Difieren dos organismos por la leche contaminada

El Centro de la Industria Lechera admitió ayer en un comunicado que hay "algún caso muy particular" de planta para leche de consumo que se desempeña exclusivamente para la exportación. La Facultad de Farmacia y Bioquímica había denunciado, precisamente, que la leche que se exporta a Estados Unidos es la única libre de plaguicidas y que 90% de la que corresponde al consumo local, inclusive de lactantes, los posee. El centro de los elaboradores de leche admite que "hubo 101 muestras de productos lácteos realizadas entre 2001 y 2003 por la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires", pero que sus conclusiones -90% contaminada salvo la que se exporta-son distintas de las formuladas por CREHA (Plan Nacional de Control de Residuos e Higiene en Alimentos), dependiente del SENASA (Servicio Nacional de Sanidad Agroalimentaria). Según esos industriales, para el CREHA 94% de la leche estaría bien y 6% "por debajo de las tolerancias admitidas en la legislación nacional e internacional". ¿Quién tiene la razón -en un producto vital-entre dos organismos públicos y la industria que se inclina por el que da estadísticas a su favor? Difícil saberlo desde el periodismo pero los organismos públicos de contralor específico de algún sector -desde la televisión hasta servicios públicos- suelen terminar en concubinatos peligrosos. Es mucho más creíble, en cuanto a imparcialidad, lo que establecen -con menos recursos e intereses creados pero más abnegación- los investigadores de la universidad.

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La reciente información acerca de que se registran restos de plaguicidas en 90% de los lácteos generó polémica. Tanto es así que ayer el Centro de la Industria Lechera emitió un comunicado en el que expresa que no hay plantas dedicadas exclusivamente al mercado externo, «salvo algún caso particular». Por otro lado, el CREHA (Plan Nacional de Control de Residuos e Higiene en Alimentos), que depende del SENASA, dice que 94% de la leche está en buenas condiciones y que 6% está «debajo de las tolerancias admitidas».

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El estudio que sacó a la luz esta situación fue hecho por la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires, y los resultados arrojaron que 90% de la leche -que corresponde al consumo doméstico- tiene restos de plaguicidas. El 10% restante, libre de esas sustancias, se exporta a Estados Unidos.

Para la industria lechera, esos resultados no son correctos y, además, se inclina hacia el lado del estudio que le da la razón en sus estadísticas. Asimismo, niega tener plantas dedicadas sólo al mercado exterior, excepto «algún caso particular».

Si se tiene en cuenta el estudio realizado por la UBA, sin condicionamientos empresariales, los datos sobre los venenos que se encontraron en las muestras de 50 leches maternizadas y de 51 yogures y postres disponibles en cualquier mercado del país responden a la categoría de « plaguicidas organoclorados», cuyas características principales son:

  • Se acumulan en los ecosistemas,

  • Se asimilan a los organismos de seres vivos, incluso los seres humanos,

  • Son peligrosos para la salud de esos seres vivientes.

    Es lógico que un plaguicida sea tóxico, ya que su función consiste en matar a los insectos y demás organismos con los que combaten, pero no por eso la población debe pagar las consecuencias de ello.

    Aldrin, eldrin, DDT, endosulfán, hexaclorobenceno, hexaclorociclohexano heptacloro, heptacloro epóxido y clordano son los otros pesticidas que los científicos de la UBA encontraron en las 101 muestras analizadas.

    La doctora Eda Villamil (profesora titular de la cátedra de Toxicología de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA) explicó que «es cierto que 90% de las muestras tiene pequeños niveles de esos residuos de plaguicidas. Lo importante de esto no es 90%, sino 10% de estas leches en las que no fueron detectados los niveles de residuos de plaguicidas. El objetivo de divulgar esto era alertar a la industria lechera que en lo posible tratara de utilizar ese 10% de leche para preparar estos productos infantiles a fin de minimizar el riesgo de bebés».

  • Mercado ilegal

    La profesora de la UBA subrayó: «Si comparamos con el resto del mundo, estamos en mejor condición que países como Alemania y España».

    Otro dato que destaca sobre la existencia de pesticidas en la leche es que los plaguicidas encontrados fueron prohibidos hace 30 años. Es decir, habría un mercado ilegal sumado a la deficiencia del ente correspondiente a la hora de controlar el uso de pesticidas. El ambientalista Antonio Brailovsky dijo que «el Código Alimentario Argentino previene la intoxicación aguda, es decir, la manifestación de los síntomas que se producen en el momento, pero en el caso de los plaguicidas es distinto; esto es una acumulación que no queda registrada y, a largo plazo, se vuelve cancerígena», explicó.

    Para los investigadores, lo más relevante es saber cómo se consiguen estos plaguicidas prohibidos hace tantos años. Según denunció un programa de televisión, en la zona del Mercado Central se venden sin la necesidad de presentar la «receta».
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