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4 de diciembre 2014 - 18:51

Entre el padre abnegado y el narco criminal

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"Pablo Escobar, mi padre"
"A mi hijo, que me da la fuerza y la energía para ser un hombre de bien. A mi amada incondicional y compañera de aventuras. A mi valiente madre. A mi entrañable hermana". Con esta dedicatoria comienza Juan Pablo Escobar su libro editado por Planeta, eludiendo entre sus agradecimientos a quien protagoniza cada página y, seguramente, quién también está presente en cada segundo de su vida.

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"Pablo Escobar, mi padre. Las historias que no deberíamos saber" se titula la obra en la cual quien debió adoptar la identidad de Sebastián Marroquín cuenta en primera persona y, en momentos de gran interés popular por la historia del narco colombiano, los años que vivió junto a él y los posteriores, entre amenazas, exilios, demandas e incluso detenciones.

Marroquín distingue los actos de Pablo Emilio Escobar Gaviria entre aquellos que lo describen como padre y los que lo llevaron a ser el narcotraficante que manejaba el 80% del mercado mundial de la cocaína, mediante una gigantesca organización criminal.

Tras el éxito de la serie de televisión "El patrón del mal", basada en el libro "La parábola de Pablo", de Alonso Salazar -obra que no avala- el hijo del narcotraficante más famoso decidió que era tiempo de dar su versión de los hechos. Entonces, por cada hoja pasean los orígenes de un Escobar que prometía "tener un millón de dólares a los 30 años o suicidarse", mezclados con el que tras lograr su objetivo rellenaba piñatas de cumpleaños con fajos de dinero en las fiestas de sus hijos; o ese que en la clandestinidad, encerrado, supuestamente no tenía ni qué comer.

El autor habla de los crímenes, los lujos, la extravagancia, los contactos con el poder y hace un extendido recorrido por la traición de la familia paterna. Según él, fue la propia sangre del narco colombiano quien lo entregó a sus enemigos. Sin embargo, a la hora de referirse a la muerte de Escobar, Marroquín asegura que se suicidó, tal como siempre prometía al imaginarse acorralado.

Los padres no se eligen, claro está. El que le tocó a Juan Pablo Escobar, probablemente sea el menos candidateable para ese "puesto". Sin embargo, en medio de tanto caos él pudo rescatar algunos momentos positivos y se propuso aprender también de los otros. Y lo resumió al final, cuando sí agradeció a quien generó la obra: "A mi padre, que me mostró el camino que no hay que recorrer".

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