2 de febrero 2007 - 00:00
Extranjeros siguen recomendando a la Argentina para invertir y pasear
Publicaciones de todo el mundo siguen reflejando lo que los locales perciben en sus charlas con turistas: la Argentina se ha convertido en atracción para los extranjeros. Eso es lo bueno; lo malo es que una de las razones principales de este «amor» es que el país es uno de los más baratos del mundo. Habrá que sostener ese enamoramiento cuando -más tarde o más temprano- los precios relativos se pongan en línea con los internacionales. En una revista australiana, como antes en un matutino londinense, se recomienda comprar propiedades aquí porque cuestan una fracción de lo que valdrían en Europa. Pero si bien ubican a la Argentina como el décimo mejor país del mundo para vivir (entre 193), también es el noveno más barato del planeta. Australia parece ser el modelo: es caro, está lejos de todo y, sin embargo, recibe tres veces más turistas.
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El estudio ratifica un dato que los operadores turísticos argentinos esgrimen desde hace años: la Argentina debe aspirar a «ser Australia» y copiar sus estrategias para recibir visitantes; lo parecido entre estos países es que ambos están lejos del centro del mundo, pero Australia ya recibe el triple de turistas que la Argentina.
El escalafón de la revista lo encabeza Francia, mientras que la Argentina se ubica décimo en este ranking que se publica anualmente desde hace más de una década.
Entre Francia (1°) y la Argentina-(10°) se escalonan del puesto 2° al 9° Australia, Holanda, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Suiza, Dinamarca, Italia y Luxemburgo. Como se ve, hay para todos los gustos en cuanto a clima y geografía. Sin embargo, la Argentina es el único país en vías de desarrollo que se acomoda entre este grupo de países industrializados.
En sentido inverso, el peor lugar para vivir, según la citada publicación, es Irak, país arrasado por la invasión de EE.UU. y por una virtual guerra civil religiosa y con ciudades destruidas por ese conflicto.
La revista aclara que el escalafón se confecciona sobre la base de datos recogidos en 193 países, considerando nueve categorías:
Una de las razones por las que está tan alto en ese ranking es que la Argentina es el noveno país más barato del planeta -posición que comparte con Kazajstán- donde vivir cuesta 54% de lo que cuesta en EE.UU., y sólo superado en ese rubro por Irán (33%), Filipinas (39%), Pakistán (43%), Paraguay (45%), India (47%), Bangladesh (48%) y Costa Rica (53%).
Tratando de no ofender a nadie, y salvo alguna excepción, ninguna de esas naciones es un paraíso turístico. Por eso, podría decirse sin temor a error que la relación precio-calidad que ofrece esta Argentina de moneda subvaluada es única.
La revista se pregunta qué pasó con la Argentina, tras una década en que -asegura- «la sobrevaluación del peso desalentó tanto a la industria como al turismo». Tras hacer una somera reseña de la crisis de 2001, el default, el repago de la deuda, las tasas sostenidas de crecimiento y el colapso del peso frente al dólar, la publicación afirma que «
Buenos Aires es una de las grandes 'ciudades-marca' del planeta a la que generosa pero comprensiblemente se apoda 'la París de Sudamérica'».
Asegura que su arquitectura es «ecléctica; viejas construcciones de estilo clásico europeo, que podrían estar a gusto en cualquier ciudad del continente, conviven con grises torres de departamentos hechas en las décadas del 60 al 80».
Como argumento para respaldar el privilegiado lugar en su ranking que se le da a la Argentina, «International Living» apunta que «los viejos departamentos de Buenos Aires son mucho más grandes que sus pares de Europa, lo que los hace mucho más cómodos que un tradicional 'pied-a-terre' continental», y agrega que «el costo por metro cuadrado es de un tercio a una décima parte del europeo. Todo indica que invertir en un departamento en Buenos Aires es una buena idea».
En la nota del «Times» mencionada antes, se afirmaba lo mismo, pero los precios que algunos operadores inmobiliarios le dieron al cronista viajero del matutino londinense eran absurdamente altos; al periodista igual le parecieron baratos. En este caso, y dado que la publicación australiana tiene corresponsal en la Argentina, los valores publicados se ajustan de manera bastante precisa a la realidad del mercado.
Más allá de la capital del país, la revista recomienda la Patagonia («es una marca por sí misma»), pero se pierde en la geografía argentina, porque dice que va «desde Mendoza y su región vitivinícola hasta Bariloche y su región lacustre, incluyendo a San Martín de los Andes».
Califica a la capital mendocina como «una ciudadjardín, con espectaculares vistas de Los Andes, tiene cinco árboles por habitante y sus bellas avenidas ofrecen una sombra relajante».
En lo que hace al informe, se cierra afirmando que «la Argentina ofrece una gran vida, como se supone debe ser vivida. Intentamos dilucidar por qué esto es exactamente así: ¿qué tiene la Argentina que nos obliga a volver allí, y qué atrae a cientos de miles de viajeros que la visitan cada año?
Las respuestas son diversas: «La excelente comida, las largas cenas que se extienden varias horas; la mejor carne del mundo; sus vinos fabulosos y sus opciones de diversión que siguen hasta la mañana siguiente... ¿O será que cada vez que regresamos hay algo nuevo para ver y nuevos lugares que explorar? Es todo esto, claro, pero además el hecho de que es tan barata. Es muy difícil equivocarse yendo allí: ya sea para invertir o para pasear, ahora es el momento de actuar».




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